sábado, 28 de mayo de 2016

Extraño país


J.A.Xesteira
Debo afirmar, a la luz de lo que está pasando, de “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, que decía Machado, que vivo en un país extraño, alejado del mínimo sentido común múltiplo y ajeno a las leyes naturales, principalmente a la de la gravedad y al principio de Arquímedes; las cosas caen hacia arriba y suben hasta estrellarse en el pavimento y se han visto muchos cuerpos sumergidos en un líquido corrupto que no echa por fuera líquido alguno (de lo cual se infiere que son cuerpos inmateriales o, por decirlo de otra forma, divinos). Vivimos fuera de las leyes corrientes, aunque tenemos miles de leyes para hacernos marchar rectos y legales por la senda del bien (no del bien común, que ese es otro, sino del bien, así a secas y en abstracto); tenemos un enorme muestrario de multas que nos pueden aplicar por pasarnos de la raya legal, pero nos hemos hecho expertos en esquivarlas y jugar a transgredir la ley sin pagar la multa (a veces lo conseguimos, a veces, no, pero en cualquier caso nos gusta más el lado proscrito de la vida); frenamos antes de entrar en el tramo conocido donde sabemos que hay un radar implacable, colocado simplemente por dos motivos esenciales que son los que mueven gran parte de las leyes de este extraño país: por fastidiar y recaudar. Pueden multarnos, castigarnos y condenarnos duramente por cosas de las que ni siquiera sabemos que son ilegales; en este país extraño pueden castigar al ciudadano que denuncie a los ladrones (aunque no sean políticos en ejercicio de su cargo). Los pájaros disparan a las escopetas, y el que descubre corrupciones puede acabar en la cárcel, mientras el corrupto denunciado espera a que escampe para recoger sus dineros paradisíacos, a buen recaudo en bancas complacientes.
En este extraño país, el ex director de la Policía, el hombre que mandaba en los guardianes de la ley, podría ir a la cárcel por hacer negocios con el viaje del papa. ¿Conciben situación más Fellini-Buñuel-Berlangiana? ¡El jefe de los policías y presidente del parlamento levantino juzgado por posibles negocios con la visita del papa Benedicto! ¡Incluso podría ir a la cárcel! Te pones a inventarlo para un guión de cine y no te sale; ¿un jefe de policía con aspecto de Papá Pitufo implicado en un negocio con el papa? Increíble. Y eso no es más que un capítulo de la larga serie tragicómica de la trama Gürtel, una trama tan rara que hasta tiene nombre alemán. El número de tramas, detenidos, imputados, sospechosos y pringados es tan elevado que resulta difícil seguir el rumbo de los actos judiciales (sospecho que incluso para los jueces). 
Pero, para redondear las rarezas (peculiaridades, idiosincrasias) de este país, no hay más que ver la pasada noticia, el “evento consuetudinario” que afecta al Partido en el Poder (PP), al que un juez pide de fianza 1,2 millones de euros por la causa de la Caja B del partido. Una bagatela en un mundo que mueve y ve pasar por los despachos millones en forma tangencial, con diferentes rumbos y desde diferentes puntos de origen. Un poco mas de pasta (1,5 millones) es lo que necesita la Confederación de Empresarios de Galicia –un lugar raro en un país raro– para evitar el concurso de acreedores, que no es un concurso como Saber y Ganar, sino una suspensión de pagos, que es como se llamaba antes. Se dice y no se cree; que la unión de los empresarios gallegos, que se supone que están para levantar empresas y hacer próspero al país no sea capaz de levantar su propia organización, suena a raro. Aunque ya se apunta la solución, que no es más que la reducción a nivel homeopático de las recetas europeas: despedir trabajadores y pedir crédito a los bancos. Los trabajadores despedidos, como están en un país diferente, se buscarán la vida por su cuenta, porque en este sitio distinto, las oficinas de empleo del INEM no emplean y las empresas de trabajo temporal, tampoco; algo menos del 5 por ciento de los que encontraron empleo en España (llamémosle empleo a lo que hayan encontrado, ya que en este país hay libertad de expresión) lo hicieron a través de los sistemas oficiales de búsqueda de trabajo, el 95 por ciento restante se buscó la vida como siempre, recurriendo a un familiar, a un  amigo o leyendo anuncios en los cristales de las paradas de autobús. Y esos son los que encontraron trabajo en este país de fábula, porque desde ahí hasta la la cifra de más de cuatro millones de parados hay una diferencia sustancial. Porque el país será raro, pero es real. Otra cosa es lo que cuenta el Gobierno, que insiste en afirmar que han creado miles de puestos de trabajo y que el país fabuloso crece en Europa como nadie. Mienten y saben que mienten, porque Europa (esa multinacional) dice todo lo contrario.
El país es tan raro que tiene un ministerio de educación que organiza para los estudiantes una reválida que no le gusta ni a los profesores ni a los padres de los alumnos, y, para convencerlos, les dice (el ministro) que la reválida no es para evaluar a los alumnos ni para clasificar la calidad de los centros. ¿Entonces, para que sirve?, dirá usted. Pues no lo sé, ni tampoco el ministro, supongo. En nuestro país diferente, paradógico y esperpéntico, ya llegamos a una cifra récord en el número de pobres, que son el 22,1 por ciento de los habitantes de España, que no llegan a fin de mes e incluso tienen dificultades para comer, principio básico de la vida; y en el mismo paquete de noticias también informan de que tiramos a la basura tres millones de toneladas de comida útil. 
La ciudadanía de este país tan raro es tan rara que contempla el espectáculo de corrupciones que se cruzan en el partido en el Gobierno y los juegos florales de los futuros gobernantes en campaña actuando para una sociedad sin reacción que, probablemente, seguirá votando lo mismo una y otra vez, como una extraña rutina fatalista.

sábado, 21 de mayo de 2016

Il Sorpasso

J.A.Xesteira
Es la palabra de moda, el “sorpasso”, y la sueltan todos los que andan en campaña electoral como si fuera palabra corriente; no es nueva, la tomaron los políticos españoles de alguna campaña de hace años en Italia, donde se esperaba que una determinada izquierda adelantara a Berlusconi y se produjera el “sorpasso”, es decir, el adelantamiento. Los que alguna vez circulamos por las carreteras italianas aprendimos la señal con dos coches en círculo de prohibición (rojo el de la izquierda, negro el de la derecha) con la leyenda “Divieto di sorpasso”, que por lógica supimos, sin necesidad de traductor, que decía “prohibido adelantar”. Los italianos, que son gente de poco esfuerzo productivo, son unos águilas colocando sus productos en todo el mundo; en cualquier parte se sabe lo que es un “espresso”, un “capuccino”, conocen un vino malo universal llamado “chianti” y, con sólo agua y harina, llenaron el mundo de pizza y espaguetti. Y de vez en cuando instalan en la cultura universal palabras, italianismos, con mayor fortuna que los españoles, que sólo conseguimos poner en los idiomas mundiales palabras como sangría, paella o guerrilla. El “sorpasso” entró también hace muchos años, de la mano de una película que aquí se llamó “La escapada”, dirigida por Dino Risi con guión de Ettore Scola, interpetada por Gassman y Trintignant. Buena película que la que la escena clave era eso, un “sorpasso” fatídico.  No era la primera palabra que entraba vía cine en el lenguaje; ante lo había hecho otra palabra mucho más famosa: “paparazzi”, que es el plural de “paparazzo”, aunque aquí la usemos siempre en plural, y que era una palabra inventada por Fellini para nombrar al fotógrafo de “La Dolce Vita” amigo del periodista Mastroianni. Las palabras tienen extraños viajes e impensables destinos.
Pero volvamos al “sorpasso” político de estas elecciones españolas. La dicen todos; Echenique dice en los periódicos que espera el “sorpasso” de Unidos Podemos para lograr un millón de votos más; Sánchez, por el contrario, cree que lograrán 90 escaños y no contempla la posibilidad de “sorpasso” de Ciudadanos, lo dice porque primero Rivera dijo que esperaba el “sorpasso” de su grupo al de Sánchez; también Rajoy y Feijoo se apuntan a la moda italiana y predicen juntos que el PP dará el “sorpasso” al resto de los competidores; e incluso los reacios de Izquierda Unida, como Cayo Lara apuntan a que no habrá “sorpasso” si no hay unidad. Como ven, todos echan mano del “sorpasso”, hasta en temas impensados, como en el festival de Eurovisión, que muchos periódicos titularon que Ucrania había dado el “sorpasso” en la lucha final (como en la Internacional comunista) y los periódicos deportivos echaron mano de la palabra de moda para hacer el balance del final de la liga, un tema digno de estudio según los periódicos nacionales (algún famoso en tiempos liberal periódico de Madrid, de gran tirada, llegó al extremo de ningunear la semana anterior al último partido al Barça, mientras cantaba las glorias madrileñas).
Y mientras los partidos están envueltos en su propio proceso, ojeándose como ciclistas en un sprint, la realidad, que siempre es cruda, nos “sorpassa” de forma cruel e inclemente. La juventud sigue peleando por llegar a un puesto de trabajo, ya no digno, sino trabajo a secas; en Francia repiten viejas luchas en los bulevares, y las viejas microrrevoluciones de Mayo del 68 en las protestas contra la ley laboral de Hollande; puede que el rebote llegue a España. No saben que no hay nada que hacer, todas las revoluciones acaban en burocracia. El trabajo ya no es una idea opinable; lo acaba de decir el “capo dei capi” (otra italianada mafiosa) de los empresarios españoles: el trabajo indefinido es cosa del siglo XIX, lo que impera ahora es el trabajo a gusto del empresario. Y tiene razón; a lo largo de la Historia la mano de obra se llamo esclavo, liberto, manumitido, jornalero, peón, obrero (menos en la Dictadura franquista, que se llamó productor, ser obrero tenían connotaciones izquierdosas) o docenas de variantes; lo que nunca varió a lo largo de la Historia fue el concepto del que manda a los obreros, esclavos o lo que sean: siempre fue un Amo. Y más en la actualidad, que llaman empresarios a simples especuladores acumuladores de beneficio rápido; el empresario es otra cosa, es el que lleva adelante una Empresa, en la que el dinero no es más que una herramienta que hace que avance el proyecto empresarial, y los obreros son la tripulación de ese proyecto.
 Nos “sorpassa” también la corrupción latente, que no es que nos adelante, sino que nos arrolla como un trailer a un ciclista. El cúmulo de delincuentes políticos y empresariales (estos sí del Siglo XXI) es tan enorme que no hay justicia suficiente para castigarlos. Las noticias de esta semana que ustedes pudieron leer en los periódicos (en algunos, no en todos) y ver en las televisiones (ignoro en cuales) oscurece los de la semana pasada; mientras el presidente en funciones dice que no encuentra sucesor natural, y no sabemos si eso es bueno o malo, o puede ser que los sucesores naturales estén implicados en una trama delictiva. Mientras, Europa nos dice que hemos gastado mucho, pero que espera a castigarnos para después de las elecciones. Y debe ser verdad que gastamos, porque los pufos del Gobierno en funciones son mayores que lo que ganó el mismo Gobierno en sus funciones. Es decir, hubo un “sorpasso” de la deuda al PIB, para contarlo en lenguaje que puedan entender los empresarios.
El problema de los políticos en campaña es que, en general, no saben hablar, utilizan los modos y esquemas ya usados para decir lo mismo de siempre, sin un átomo de ilusión para que podamos ir a votarlos; cogen cualquier palabra y la despojan de su contexto y de su significado; en otras ocasiones hablaron de coyunturas, de experiencia, y ahora es el “sorpasso”. Pero deberían entender que el adelantamiento debe hacerse por la izquierda siempre,  lo contrario es peligroso; hay que ser más izquierdista que el coche de la derecha. Y eso no lo saben los candidatos.

sábado, 14 de mayo de 2016

Viejos fantasmas, programas huecos

J.A.Xesteira
El reciente acuerdo entre Podemos e IU, una consecuencia lógica dentro de las posibilidades electorales, ha traído consecuencias lógicas de rechazos en sus adversarios, como era de esperar. Las acciones y las reacciones crean accionistas y reaccionarios, como consecuencias también lógicas. Por ese lado no hay nada nuevo; por otro lado sí, reaparece la vieja novedad de sacar a pasear el Comunismo, instrumento que en la dictadura del siglo pasado usaba aquel caudillo desde el mensaje de fin de año y los curas desde el púlpito de la misa de doce, como arma atemorizante para beatas y mentes simples (aquellos miedos de la ignorancia –“van a quitarme lo que tengo para dárselo a unos tipos que son rojos”– enmascaraban un estado de cosas en el que las carencias sociales se mantenían gracias a ese miedo). Posiblemente la masa votante haya avanzado poco en educación política; los propios políticos, sean del partido que sean, se encargaron de ello, porque les interesó mantener a la ciudadanía en el viejo miedo, ahora disfrazado de otras novedades y modernidades, pero miedo, al fin y al cabo. Miedo a la pérdida de las pensiones, miedo a la pérdida de empleo, miedo a la perdida de libertades (no a eso no, ni siquiera saben que tienen derechos que ya desaparecieron para justificar los miedos) o miedo a un incierto futuro que sólo se arreglará con el si-nos-votas-a-nosotros. Por eso, ya que sacan los viejos fantasmas a pasear conviene hacer memoria y recordar de donde venimos, porque, quienes somos no es cosa que tengamos seguro, y a donde vamos es un futuro incierto.
La generación que se postula como presidentes necesarios (para un país de ciudadanos contingentes), es decir, los tres jóvenes, Rivera, Sánchez e Iglesias, y Rajoy, que es generación caducada, representan modos y modas que olvidaron de donde vienen. Quizás sea Iglesias el único que lidera una invención, una abstracción de la izquierda que, por lógica política, tiene que juntarse con la Izquierda Unida, que no es exactamente comunista aunque albergue en sus siglas al antiguo Partido Comunista Español, una vez que éste consideró, para su desgracia, que era mejor llamarse de otra forma que no asustase a las beatas de misa de doce. Rivera es la misma derecha de siempre pero actualizada, como un programa de ordenador, que pone al día las mismas aplicaciones y da más rapidez al sistema operativo. Pero Rajoy y Sánchez representan a partidos que tuvieron un principio en el pasado, son históricos; el partido de Sánchez, el que más, fundado por un Pablo Iglesias ferrolano (Ferrol produjo personajes dignos de estudio) con gorra de cajista de imprenta y barba de época, marxista, hospiciano, pobre y autodidacta, que se hizo a sí mismo y fundó la UGT y el PSOE. Puro pasado, porque el presente ofrece un socialismo sin marxismo, indecidido e indeterminado; desde que Felipe González se adaptó a la estrategia de cazar el ratón del poder, vestido de gato blanco, negro o rojo, el antiguo socialismo se fue diluyendo y transformando en lo que hoy es (lo que sea lo dejo al criterio de cada uno, basta ver los alrededores socialistas) El Partido Popular de Rajoy tiene una historia más corta que también parecen haber olvidado. Este PP viene de aquella Alianza Popular fundada por antiguos alumnos de Franco, los ministros de la dictadura que vieron a la democracia como si encontraran el santo grial, se cayeron del caballo y abrazaron la nueva fe; en ellos se dio el misterio de pasar del franquismo dictador a la Democracia “igual que un rayo de sol pasa por un cristal, sin romperlo ni mancharlo” (catecismo Padre Astete); Fraga, el fundador, tuvo la habilidad de meter en un mismo saco al arcoiris de la derecha, desde el franquismo hasta el liberalismo (palabra que significa cualquier cosa según esté el mercado) pasando por monárquicos, conservadores, centristas y democristianos (considerando que el cristianismo pueda ser demócrata, un contrasentido).
Conviene recordar estas cosa que ya sé que todos recordamos, aunque a veces no se note, porque a menudo vendemos motos que no nos pertenecen. Conviene recordar también que durante la clandestinidad en la cuarentena franquista, el Partido Comunista era el único que se la jugaba, el que agitaba obreros y estudiantes. Los que vivimos aquella época  y, sobre todo la Transición que escribimos en los periódicos, sabemos de lo que hablamos. Por eso resulta bobito anunciar la reaparición del comunismo, como acaban de hacer Rivera y algún portavoz popular, al tiempo que Sánchez amaga con las mismas intenciones. Probablemente desconozcan, porque tengo la impresión de que nuestros políticos candidatos son poco expertos en lo que pasa por los países vecinos, que en Italia, Portugal y Francia existen Partidos Comunistas y no se hunde el firmamento sobre nuestras cabezas. Las advertencias electorales suenan a un “¡que vienen los rusos!”, cuando saben que los rusos ya vinieron para hacer turismo de mafia en Marbella.
La realidad de los viejos fantasmas esconde otra realidad más dura: la falta de contenido en los programas y mensajes de todos los partidos. La campaña electoral se reduce una vez más a atacar al vecino que, según las encuestas, va a robarnos el sitio. Miedo y encuestas. Pero no programa, no ofertas serias, no ilusión para los votantes. Ningún candidato ha dicho nada de lo que piensa hacer para nuestra felicidad (es la base de la democracia, hacer felices a los ciudadanos, no sé si lo saben) Nadie nos cuenta sus proyectos más allá de las vaguedades, tópicos, estupideces sin sentido y buenos deseos que, por otra parte, están sujetos al mandato de Europa (el ministro Margallo, paradójicamente, se desmarca y dice que Europa se pasó cuatro pueblos con  la austeridad que su Gobierno aplicó, y no pasa nada); todos quieren acabar con el paro, pero saben que para ello tienen que cambiar el sistema económico y productivo, e invertir en personas e ideas. El país está sujeto al turismo, la construcción y a la esperanza de que China siga comprando empresas españolas. Más allá de eso sólo tienen programas electorales más vacíos que un centollo farol.

sábado, 7 de mayo de 2016

La estrategia de la comadreja

J.A.Xesteira
Muchas veces, las noticias más interesantes, las más importantes, vienen en la periferia de los periódicos, en las tangentes de la masa informativa, que suele ser una corriente principal, estándar, donde la política es lo básico, lo que manda la actualidad, y después, una guerra en cualquier país, siempre una guerra, colocada entre la política y los partidos de fútbol. La política o, mejor dicho, el exceso de política dentro de la corriente principal de información, no es lo importante, lo verdaderamente importante sucede metido de manera solapada para que nadie se entere. La gente anda a sus cosas, se ríe unas veces, otras llora y siempre se cabrea con la política, que suele contemplar en los grandes titulares informativos. De nuevo en campaña, los políticos vuelven a ocupar las primeras páginas, como reestrenos de películas ya vistas, y volverán a aburrirnos de nuevo, a no ser que surjan francotiradores con fuego amigo para revolver un poco más el potaje de cada partido. La “maverick” Esperanza Aguirre (lo de “maverick”, una palabra americana que significa disidente y res no marcada, es cosa de ella, que se definió a sí misma de esa manera) ya ha saltado contra Rajoy y pide que el PP deje de ser “socialdemócrata”, lo cual me ha sorprendido en mi ignorancia, porque pensaba que era otra cosa. De aquí al verano creo que vamos a tener más pifostios internos que nos alegrarán la campaña.
Pero descartadas las grandes novedades de los pequeños politiqueos, hay un par de noticias que pasaron por las páginas sin pena ni gloria. Una es mucho más importante quizás que las elecciones, porque supondrá la hipoteca de la economía de Europa –y de España por consecuencia directa– de los USA. Me refiero al tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y la Unión Europea, también conocido como el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), que se está negociando en secreto en Bruselas y que nadie quiere explicar, aunque las filtraciones son para echarse a temblar. Teoricamente, el tratado es uno más para hacer negocios entre países o entre supranaciones; en la práctica es un paso más adelante de la globalización capitalista, que otorgará a los Estados Unidos un mayor control sobre las políticas europeas y a las grandes corporaciones la posibilidad de gobernar de hecho en los países, por encima de los gobiernos y los partidos políticos (aunque sean “socialdemócratas” como el PP). Mediante este tratado serán las grandes corportaciones las que decidan las leyes de cada país, y no se podrá legislar si una ley va contra lo firmado en el TTIP. Así de claro.
La experiencia nos dice que los tratados de libre comercio entre EEUU y cualquier otro país suele acabar con el dominio económico yanqui sobre los países firmantes; no hay más que ver el tratado de libre comercio firmado hace años con México, que provocó la ruína para la agricultura azteca y la emigración mexicana al país del norte, a mayor gloria de las grandes empresas, que no de los países. Y eso que aquel tratado era sólo de acuerdos comerciales, de aranceles, supresión de aduanas y unos cuantos buenos deseos más, bajo la supervisión del dólar como moneda imperante. Pero sin afectar a las leyes de cada país. Del TTIP, pese al secretismo con que se lleva, se sabe que todas las grandes multinacionales están en contacto con los negociadores; ellas, las corporaciones, sí que saben todo lo que a los ciudadanos se nos oculta, y son ellas las que les dicen a los negociadores lo que tienen que pactar.
Una mujer que no suele salir en los periódicos para decir tonterías, Susan George, filósofa y politóloga de prestigio, presidenta de ATTAC Francia, advierte del peligro, sobre todo en dos aspectos: el del interés de las grandes corporaciones por hacerse con la sanidad de cada país, sustituyendo la sanidad pública por sanidad privada, toda en manos de las grandes mutinacionales, y tomar el control del medio ambiente y las leyes laborales. Otro de los aspectos que apunta es la inmediata pérdida de poder de los municipios y, sobre todo, de la agricultura rural, que pasará a manos de las grandes multinacionales que sustituirán a los pequeños agricultores por empleados (según las condiciones que tendrán que aceptar) de grandes empresas que plantarán en España lo que se les ocurra (tomemos el ejemplo mundial de la soja, un hierbajo que no sirve para nada más que para enriquecer a grandes corporaciones; como alimento es una porquería que la publicidad vende como beneficiosa; no lo crean, no es más que un hierbajo tercermundista que deforestó medio Brasil y gran parte de Argentina). Juzguen ustedes mismos lo que se nos puede venir encima, pero en Francia Hollande ya ha advertido que no firmará el tratado, mientras que en España, como todo está en expectativas de destino, no se sabe lo que pasará.
La otra noticia, aparentemente más simpática e intrascendente nos cuenta que una comadreja, la gallega donicela (o delusiña como la llamábamos de niños) entró en el gran Colisionador de Hadrones del Cern, y lo mandó a hacer puñetas con un cortocircuito que le costó la vida, eso si, pero que desgració la gran maravilla de la ciencia. Calculen, el aparato es un anillo de 27 kilómetros de circunferencia, en un túnel entre Francia y Suiza, su potencia es equivalente a la de un portaaviones o a la de un airbús volando a 700 kilómetros por hora y para funcionar tiene que estar a 217 grados bajo cero; no quieran saber lo que ha costado semejante aparato. Con él hemos sabido que existe el “bosón de Higgins” y alguna otra cosa que entienden los físicos. Pues todo eso lo escaralló una simple delusiña.
La importancia de la noticia, aplicada estratégicamente a ese acelerador secreto de partículas llamado TTIP está en que podemos quedarnos sentados como nuestros políticos viendo como las partículas dan vueltas a cuenta de nuestro dinero o actuemos en plan comadreja, provocando un cortocircuito para que las grandes corporaciones no nos conviertan en invisibles particulas sin derecho a nada. Sería la delusiña ciudadana contra el bosón capitalista.

sábado, 30 de abril de 2016

Nos vemos en el Día de la Bestia

J.A.Xesteira
Como era de esperar después de ver el rumbo de las negociaciones, pactos y desencuentros políticos, habrá elecciones en junio, el veintiseis-del-seis-del-dieciseis, el seis-seis-seis, el número de la Bestia que sirve al Dragón en el Apocalipsis de San Juan (“El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia, porque es número de hombre, el 666”. Apoc. 13, 18). El que quiera sacar conclusiones de Cuarto Milenio tiene barra libre. Hacer coincidir las Elecciones Segunda Parte en ese día no es más que una circunstancia, pero pueden culpar al Maligno de lo que pase, o identificar al Maligo con Los Otros, como han venido haciendo durante estos meses de conversaciones, presentaciones ante el rey, desconversaciones, firma solemne de pactos entre dos aguas, y acusaciones, muchas acusaciones de que la culpa es de los Otros; todos se echan la culpa de esta situación a la que hemos llegado, a revotar en la segunda parte electoral por culpa de los que no quisieron ajuntarse por el bien del país. Un tic infantiloide, común a todos los partidos, a los cuatro con masa suficiente para maniobrar y organizar algo parecido a un  gobierno; una justificación que recuerda a aquel “¡Yo no he sido, profe, fue Manolito!” remarcado por la cara de falsa disculpa que la profe entiende perfectamente. Los espectadores votantes, ciudadanos contemplativos, sabemos que la culpa no es de los Otros, por mucho que amemos (un suponer) a nuestro partido favorito, al que entregaremos el voto, pero no dinero.
Los cuatro partidos que no fueron capaces de llegar a un acuerdo, por razones obvias y comprensibles, se enrocaron en sus posiciones como forma de luchar contra la competencia. Vano intento. Desconocen o ignoran que la competencia no son los Otros sino uno mismo; hacer las cosas para superar y ganar a los demás es inútil si primero no te superas a tí mismo. Y en eso estuvieron entretenidos en todo este tiempo de pactos inútiles, en desviar la culpa, echársela a los demás y tratar de competir de forma incompetente. Con el agravante añadido en esta segunda vuelta, que dentro de cada partido se van a crecer los que llevaban la contraria con la boca pequeña, los disidentes enmascarados y los “ya-lo-decía-yo” que pululan en cada grupo político; en las repeticiones se acentúan las disidencias y traen a la memoria aquella frase de la historieta de Pogo (para detalles ver Wikipedia) que decía: “Después de buscar al enemigo lo hemos encontrado: somos nosotros mismos”
Durante este tiempo también han jugado al recurso fácil de crear una necesidad apremiante de Gobierno, para salvar al país como sea, incluso con extraños matrimonios que harían este país aún más absurdo. El país, y así quedó demostrado esta temporada, necesita muchas cosas, pero no tiene prisa para conseguirlas. Después de estar sin gobierno y seguir andando como siempre, a trancas y barrancas, la necesidad más apremiante, aunque no lo digan las encuestas, es que llegue el verano para irnos de vacaciones. En eso hay que reconocer que somos un país más amante del carpe diem que de la esperanza en la Historia para que nos juzgue (le pueden dar mucho a la Historia cuando yo ya no esté aquí). El país necesita reequilibrarse, la sociedad necesita un nuevo punto de igualdad en muchos sentidos, una regeneración ética, no sólo en la clase política sino en toda la estructura social; necesita eliminar leyes, aligerar códigos y simplificar la justicia; necesita muchas más cosas que estos candidatos no han ofrecido más que de manera tangencial y ambigua, seguramente para conseguir apoyos a sus propuestas nebulosas pero que, al final, han perdido por inconsistentes. Necesita (mos) más que nada, un poco de sentido común y un discurso gramaticalmente correcto, donde las frases no sean las viejas fórmulas del blablabla político, hueco y falso.
Vamos a vivir de aquí al Día de la Bestia una nueva experiencia democrática. Va a ser la primera vez que revotemos y eso no debe significar un trauma social, está previsto y lo haremos como siempre, con un toque de coña y otro de cabreo. Las perspectivas son, como siempre, imprevisibles, por mucho que las metroscopias nos adivinen el futuro. La novedad es que vamos a votar (si no hay variantes) a los mismos que hace unos meses, a los que conocemos mucho más y sobre los que tenemos mucha información que no sirve para nada. Por mucho que los Medios nos hayan pintado a los candidatos según sus propios intereses (nunca los medios fueron tan partidistas como ahora) los ciudadanos de esta banda de Europa tenemos la costumbre de dar nuestro apoyo según la pinta, según nos caiga de bien o de mal. Los cuatro que supuestamente pelearán ofrecen ya un semblante conocido, viviremos un deja vu vertiginoso, que va desde la imagen inmóvil de Rajoy, que presume de no haberse movido porque ¿para qué? (siempre me recuerda al indio de palo que sale en las películas de vaqueros delante del saloon) hasta la de chico-listo-furafollas de Iglesias (siempre me lo imagino en el recreo del colegio de los Padres Parlamentarios), pasando por la dialéctica de spot publicitario de Sánchez (me lo imagino en un anuncio en blanco y negro ofreciéndonos coñac Veterano, caballero, ¡qué coñac!) y por la lógica arcangélica de Rivera (siempre me sale de marinero de primera comunión).
Estos son los que son. De aquí a junio habrá que aguantar una vez más sus peleas, sus promesas, su presencia en las calles y en las pescaderías, sus debates en televisión (malos actores con flojos guiones), su campaña. Mientras, el país real sigue andando y el mundo no deja de girar, el paro sube (ya bajará en verano) y el mundo exterior cambia según la moda (en Europa se lleva ultimamente la extrema derecha, una tendencia vintage que nunca desaparece dentro de cada europeo) Sólo el rey Felipe se atreve a recomendar una novedad: mo me gasteis mucho dinero en la campaña. En realidad podrían hacer la campaña sin gastarse un céntimo, ya la sabemos, ya la hemos visto.

sábado, 23 de abril de 2016

Raro es el día

J.A.Xesteira
Raro es el día en que no nos desayunamos con un nuevo caso de corrupción, robo, defraudación o cualquier otro delito relativo a la desaparición de dinero público en un agujero negro o dinero privado traspasado al cielo de los dineros para no pagar impuestos. Y ya hay políticos-barra-as que afirman con la mayor desfachatez que buscar la manera de no pagar a Hacienda es legítimo, lo cual no se contempla como exaltación del latrocinio porque esta variante no está penada por la ley que, paradójicamente, hicieron los mismos políticos que cobran un pastón del erario público y lo ponen a salvo de la Hacienda Pública en cuentas opacas. Pero no divaguemos. También raro es el día en que alguno de esos imputados, investigados o sospechosos entra en la cárcel para cumplir condena adecuada y ejemplar; la justicia es lenta, muy lenta en estos casos, los sumarios se eternizan, los procesos se alargan, y, cuando hay una condena en firme, resulta que es como un parto de los montes, entran en la cárcel y salen a los pocos meses. No se entiende que un chorizo público tenga buena conducta de la noche a la mañana, entre rejas, cuando observó una conducta condenable mientras era cargo público y usaba el poder y el dinero del poder a su antojo; léase caso Fabra, con 16 meses de nada y en la calle, gracias a las peculiariedades de una jueza peculiar. Raro, muy raro, es el día en que la mitad de la masa noticiable de los Medios no son los casos de corrupción, las detenciones, las prisiones sin fianza, y los eternos procesos que van goteando pequeñas novedades cada mañana. Los últimos artistas invitados, Mario Conde (segunda parte), el ex ministro Soria, atrapado en su ceremonia de la confusión y el partido del Gobierno, que suma notables investigados y a-punto-de: Barberá y Camps, Cospedal (y su gasto de dinero de hospitales en propaganda del partido) y el alcalde de Granada. Raro es el día que los “casos”, denominación genérica policial para empaquetar delitos y delincuentes, no aporta un  pequeño detalle para que no nos olvidemos de que existen; Gürtel (no se olviden, aún está ahí), Taula, Noos (actualmente en cartelera) y el mayor de los escándalos anunciados el de Manos Limpias-Ausbanc, como cosa que se veía venir; un sindicato sin obreros cuya única misión era personarse en causas sin aparente beneficio económico es cosa que no se lo cree nadie. Se sumará a la larga lista de asuntos pendientes por juzgar y condenar. Y los papeles de Panamá, que en breve tendrán una segunda parte con la conexión Panamá-Suiza (ya saben, en Panamá se montan las empresas en estado gaseoso, y en Suiza se guarda el dinero sólido que generan esas empresas invisibles). Los papeles panameños tienen su lado simpático, si no fuera porque el asunto es demasiado serio como para que nos riamos. La lista de “empresarios” con cuentas panameñas es de información transversal, va desde las páginas del corazón hasta las políticas, pasando por el suplemento literiario, páginas de cine y deportes. Desde Bertín Osborne hasta la mujer de Felipe González, pasando por la Corina del rey, el confuso Soria, varios primeros ministros y presidentes de países de toda casta y pelaje. Desde que escribo esto hasta que se publica habrán aparecido un par de ellos más en la lista.
Todos estos casos que a diario brotan para cabreo general suponen un peligro que conviene evitar. Se convierten en costumbre, y si la costumbre hace ley, también la costumbre genera rutina, y pudiera ser que la repetición de la gota china sobre nuestras cabezas acabe por ablandarnos el meollo y lleguemos a creer que eso es lo natural, que los que pueden, tengan cuentas opacas, que los gobiernos no hagan nada por combatirlo y, lo que es peor, que la Justicia prolongue un paripé para que todo siga igual. Y convendría poner en claro varias cosas. La primera que existe una sensación de ausencia del Gobierno ante estas evidencias que cualquiera, menos el propio Gobierno, puede entender sin necesidad de grandes investigaciones. Si se sabe que cada “sicav” (no olvidemos, un invento para que los ricos no paguen impuestos, así de claro, por mucho que nos lo expliquen los grandes explicadores) española está en manos de cinco bancos, y que dos euros de cada tres invertidos no está en España, algo no funciona. Muchos de los que poseen empresas  opacas son ignorantes en materia fiscal (algunos, incluso, en todas las materias) y cabe suponer que fueron asesorados por expertos, bancarios o abogados adecuados al caso, que son los que de verdad manejan el cotarro (¿alguien puede suponer que los padres de Messi, Neymar o Cristiano son tiburones de las finanzas?) Y son con mucho los brazos armados del delito fiscal. En el caso Ausbanc-Manos Limpias gran parte de los bancos han aceptado la oferta que no podían rechazar y han pagado el impuesto mafioso, lo que les convierte en parte del delito
Pero lo que más sorprende (si es que algo puede sorprendernos a estas alturas) es que haya quedado de manifiesto la inoperancia de los políticos en general, y del Gobierno en particular, ante estas cosas que aparecen todos los días y no se haya movido nada; quizás los políticos, sus partidos, tengan el culo de paja y tengan miedo de que les arda; y todo quede en un “vamos a hacer” sin que se haga nada, y se expulse al que pillan en las patatas con el calzón a media pierna, como si al echarlo del partido borraran el pecado cometido gracias a que era del partido.
Lo único positivo es que parece que un tipo de periodismo acaba de despertar en medio de la corriente general y saca la porquería mundial a flote; un grupo de jueces ejerce como tales frente a otros muchos que mantienen un estatus agarrados a la letra de la ley; las investigaciones fiscales, de Hacienda y de las fuerzas de polícía y guardia civil cumplen con su trabajo. Y los padres de la patria, con esos pelos.

sábado, 16 de abril de 2016

A la democracia por el arte

J.A.Xesteira
Uno de los artistas mas falsos de la modernidad artística es Andy Warhol, un tipo que logró vender la nada enmarcada. Alabado por miles de personas consiguió convencer a esos miles de personas de que lo que hacía era arte, arte de la más excelente altura. En realidad era un hábil trilero, un astuto chamarilero, un psicológo vendedor de zoco árabe. Se presentó como artista plástico y convenció a mucha gente de que unas fotocopias (que ni siquiera se tomaba el trabajo de hacer él) coloreadas y seriadas, eran pop-art; se presentó como director de cine y firmó varias películas que no hizo, entre ellas la famosa estupidez del Empire State (siete horas de cámara fija apuntando al rascacielos); apadrinó a la Velvet Underground, uno de los grupos musicales más aburridos, con el cantante más coñazo, Lou Reed (pido perdón aquí a sus seguidores, pero su único disco decente, el Transformeer, producido por David Bowie, tiene más de Bowie que de Reed, y se nota) Pero Warhol tuvo la habilidad de venderse como un gran gurú, de vender su producto y convencer a miles de personas de que eso valía miles de dólares. Ese es su auténtico arte, convencer de que es un genio, cuando, en realidad sólo era un vendedor de humo. A través de la puerta que él abrió, y que sólo por eso merece pasar a la Historia del Arte, en un capítulo dedicado al mamoneo millonario, entraron miles de personas con ganas de ser famosos esos quince minutos que dicen que prometió el rey Midas de las naderías. A través de esa puerta entraron las nuevas formas de entender el arte y un  todo-vale-y-todo-es-arte que reboza la cultura de estos últimos tiempos; lo más difícil ya no es la obra en sí misma, sea cual sea el soporte o su concepto, la valía del artista está en convencer al museo de arte contemporáneo que lo suyo es indispensable para una exposición, financiada con fondos públicos y publicitada a gran escala. Bueno, es el estado de los tiempos que corren, no mejores ni peores que otros. Distintos.
Vean de esa forma la situación “warholiana” de la democracia en España. Ni mejor ni peor que en la de otros países, con sus propias distinciones, pero con una obra abierta al público que no conocíamos. Se expone en el mayor centro de arte con temporaneo que tenemos, la televisión, y las salas anejas de periódicos y radios, y la gente lo comenta y se manda por las redes sociales. Son varios cuadros seriados, como los de Warhol, pero básicamente quedan en cuatro fotocopias: PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos, con sus correspondientes variaciones cromáticas, como las caras de Marilyn o las caras de Bélmez, aunque, en ocasiones parecen el Ecce Homo en versión “destroyer”. Desde las pasadas elecciones, que parece que fueran hace años, se está llevando a cabo una “performance” (“Actividad artística que tiene como principio básico la improvisación y el contacto directo con el espectador”, según la RAE) en la que los cuatro componentes del fenómeno artístico se juntan y se “desjuntan” sin llegar a ningún resultado. Este hecho artístico ocurre en otros países democrático, no crean, con lo cual se puede llegar a pensar que estamos ante una corriente cultural democrática que puede cambiar el ritmo de los tiempos.
La historia, vista a ojo de espectador, es curiosa. Un partido, el PP, gana pero no de forma absoluta, y, en lugar de buscar la manera de entenderse con el resto de los artistas, le dice al rey, que es como el comisario de la exposición: “¡Que pacten ellos!”, en un alarde unamuniano de pasar la patata caliente al siguiente. Y el siguiente, el PSOE, en un alarde de improvisación, se tira en plancha y firma con Ciudadanos una “performance” insólita (uno dice que es de izquierdas y el otro, que de centro) con toda la pompa que la circunstancia exige. Y a continuación le piden a Podemos que se junte a su “performance”, ya constituida en “instalación” (“Organización de un espacio o conjunto de objetos con fines artísticos”, la RAE dixit) porque quieren que la parte contratante de la primera parte (Rajoy) no figure en la obra. El resto es cosa conocida. Los críticos de arte creen que Sánchez y Rivera vendieron una piel de oso vivo; incluso algún miembro de la Factory del PSOE afirma que su partido se negaba de antemano a pactar con Podemos; y el paso de los días y la esterilidad de las reuniones alarga una situación que puede ser muy artística (democrática si lo es, porque está todo dentro de las reglas canónicas del Estado Español) pero no acaban de rematar en la obra final. Estamos ahora a punto de la tercera consulta con el rey Felipe, un tipo que debe estar aburrido de recibir a los mismos para las mismas mismadas, y que debe estar deseando que llegue el calor y las vacaciones para irse a Mallorca. Y si el 25 de abril (fecha revolucionaria a la portuguesa) no está terminada la instalación y la performance no da más de sí, habrá nuevas elecciones, lo cual, también sería una obra de arte. Unas elecciones son como fotocopias de las anteriores con unos cambios de color. Cuando escribo esto, todavía no hay señales de cambio, más bien de todo lo contrario: los artistas huelen a campaña electoral. Pero a lo mejor, de aquí al 25 aplican el ideario marxista, de Groucho (“Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”) y se juntan en un grupo escultórico para colocar en los jardines de la Moncloa.
Como en Warhol, no hay arte, hay artificio. El arte exige lucha, trabajo, contundencia y claridad, lo mismo para los grabados de Goya que para las Señoritas del Avinyó, pero no para una fotocopia de un plátano. Los amantes del Pop-Art estamos más por Liechtenstein que por Warhol. Por una obra que hable por si sola. Lo que estamos viendo en este proceso político es como la película de Warhol: un coñazo de siete horas de un rascacielos.