J.A.Xesteira
Mi amigo, que no es un amigo invisible de esos que te regalan una porquería del chino, y al que por respeto llamaré Agrimensor K, una persona abstraída, es decir, fuera de la masa universal de la sociedad, se lamenta de ser raro, kafkiano, diría. Se considera un asocial (Dicc. de la RAE: adj. Que no se integra o vincula al cuerpo social).
Me cuenta y cuento:
– Veras…, tengo un móvil como cualquiera, pero sólo lo uso para llamar y que me llamen, no tengo ninguna aplicación ni mando esemeeses, y cuando recibo alguno, que seguramente será del banco o de la telefónica de turno para ofrecerme créditos o programas, los borro sin leerlos. No tengo guasaps ni ando en feisbuk ni meto fotos en instagram, que por otra parte no hago con mi teléfono, ni escucho música en estrimin, no pertenezco a un grupo de abuelos del cole ni de hinchas de fútbol… Y, claro, me siento en el café con cuatro amigos y yo soy el único que mira para el aire, mientras los otros están dándole al dedo con media sonrisa babeante; no sé lo que están viendo ni me interesa, pero al momento me enseñan un chiste, una foto de un gato o cualquier parvada; y tengo que hacer un gesto de que me gusta. En realidad me importa un carajo, y ya dejé de tomar el café con mis antiguos amigos porque no tengo ganas de quedar como un tonto mirando como los otros están hipnotizados por el espejito. Fíjate que ayer, en un bar tenía a mi disposición todos los periódicos de la barra; era el unico que leía en papel, todos los demás lo hacían en los teléfonos, aunque daba igual, el noventa por ciento de lo que se publicaba en el papel venía por vía del telefonillo, eran noticias filmadas por un cualquiera en su móvil o mensajes que los políticos lanzaban al espacio en cuentas de twitter… Todo está reducido a un mundo que llaman la red social pero yo no estoy dentro de ese mundo… ¡Coño, deja ese puto telefonillo y hazme caso!
Le pedí disculpas de todo corazón y le di la razón, admití que estamos volviéndonos tontos totales y que la cosa empieza a ser preocupante, según dicen los expertos en redes sociales (Dicc. de la RAE; red social: f. Plataforma digital de comunicación global que pone en contacto a gran número de usuarios), que avisan de que ya existen adicciones y trastornos mentales derivados del abuso de las redes sociales, sin contar los problemas económicos de las adicciones a juegos onlain que no regula ningún gobierno y que ya genera más problemas que la cocaína. Lo dicen los expertos que, paradójicamente, lo difunden a través de las redes sociales, bien en formato televisión, bien en prensa digital.
Lo digital, lo que ocurre dentro de ese pequeño rectángulo de cristal, es lo que gestiona y controla ya nuestra existencia, tanto individual como colectiva. Ya no viajamos para ver, sino para que nuestros amigos nos vean que viajamos. Hace años escribí algo acerca de la fauna humana que hacía el turista en Egipto; nadie contemplaba Abu Simbel sino que se limitaban a pedir a alguien que les hiciera la foto (hablo de la era pretelefonillo, cuando los turistas llevaban cámara) o protestaban porque pasabas por delante cuando hacían la foto (¡señora, somos 1.256 personas haciendo las putas fotos, si me paro en cada una de ellas, estamos jodidos!, les contestaba educadamente). Aquel turistaje devino en este ciberturismo. Nadie se mueve sin haber contratado antes no solo el billete de avión en el móvil, sino que se elije el hotel en función de los puntos que tenga en tripadvaisor y no se va a ningún restaurante que no esté recomentado al menos por medio millón de recomendadores. Ya no hay rincones ni fotografías inéditos; hay barrios enteros que están a punto de colocar alambradas para evitar que las manadas de turistas cuelguen en el instagram a su calle; existe ya una lista de lugares declarados paisaje invadido por el turismo, entre los que son evidentes los millones de gilipollas que se hicieron la foto aguantando la torre de Pisa.
La ingenuidad con que se fuchica en red es enorme. La cantidad de mensajes falsos que la gente traga como artículo de fe crece sin que nadie le ponga coto. Las fuerzas políticas y económicas han manipulado la información que circula y llega a los usuarios, que creen que lo que les ha mandado su amigo es veraz. El ejemplo de Venezuela es evidente, llega a contaminar, incluso, a los grandes canales de información, que dejan pasar cualquier noticia filmada, sin filtro evidente ni comprobación periodística.
Dejo a mi amigo y voy al banco donde tengo mis escasos ahorros y donde pago para que me los tengan. Un amable empleado me explica un proceso para controlar en mi teléfono como están mis cuentas y operar desde él. Al final de la explicación le digo: “Vale…, cuando todo el mundo trabaje para el banco desde el teléfono tu ya estarás en la cola del paro”. Esboza una sonrisa de desconcierto y no me dice nada. Hacienda ya ha dado otro paso para eliminar el papel y el bolígrafo en las declaraciones de renta. Los políticos se hacen un nudo en sus partes con sus internets; los Ciudadanos hacían trampa en las primarias, los candidatos en campaña viven al servicio del me-gusta-no-me-gusta digital. ¡Y existe la pretensión de que lleguemos a votar a través del telefonillo!
Hasta la iglesia católica prefiere las redes al púlpito. El pároco de Antequera metió este mensaje en guasap: “En nombre de Cristo, ruego a los ladrones devuelvan los copones con las hostias y se arrepientan de este delito sacro”. Al principio pensé que estaba relacionado con el regreso de La Polla Records, pero no, la iglesia se pone el día, como La Polla, que canta "El sistema está muerto (…) la tecnología nos ha derrotado” Entre el párroco y los punkies, ya me he vuelto antisocial (Dicc. de la RAE: 1. adj. Contrario al orden social.)
viernes, 15 de marzo de 2019
viernes, 8 de marzo de 2019
En cuaresma
J.A.Xesteira
Pasó el 8-M. Todos apoyaron a todas, todos se hicieron feministas por un día, todos vieron como todas salían a la calle a reivindicar lo mismo que se reivindicaba hace cuarenta y tantos años. Buenos, todas, no, sólo las de toda la vida, no todas las mujeres son feministas, aunque todas lo afirmen; si así fuera habría claras contradicciones entre lo que se supone que es el feminismo (y que tiene unas cuantos derechos muy simples que exigir) y lo que muchas políticas (mujeres políticas) afirman que es “su” feminismo, un eufemismo para no contradecir los principios básicos de varios partidos políticos, fundados todos, no lo olvidemos, por hombres con mando en plaza y pretensiones de llegar al Poder, un lugar donde nunca estuvo una mujer y sólo en los últimos tiempos encontramos mujeres en los círculos más altos (por ahora no habrá reina ni presidenta), un poco por parecer modernos, otro poco por el empuje de la mujer en la sociedad y otro poco por ganarse un voto necesario de la cesta de los votos marginales; en otro tiempo esa cesta estaba llena de los votos de mujeres, homosexuales –hoy LGTBI–, ancianos, inmigrantes y otras minorías menores; hoy esa cesta ya no es un lugar donde meter la mano, aquellas marginalidades son ahora una base de votos que no se pueden perder, y por eso el pasado 8-M hemos visto a los grandes líderes y pequeños lideritos hacerse feministas por un día: todos mienten, están en campaña y la del feminismo es una de las mentiras de la larga lista de todo lo que tendrán que mentir en estos dos meses de largo recorrido hacia las urnas; posiblemente el resto del año tendrán que contentar a otras cestas de votos, principalmente a la de las grandes financieras que son, en el fondo, las que cortan un bacalao antiguo. El 8-M pasó y las mujeres (y hombres) que lo reivindican saben que el resto del año tienen que seguir a pie de obra, porque después de las fiestas la gente se olvida. Pasó el día, pasó la romería. Un día para celebrar cualquier cosa y una cuaresma para padecer la realidad.
Con la Cuaresma también entró la borrasca y se llevó las alergias. Y llovió un poco para que no lo olvidemos. También pasó el Carnaval, la fiesta de los locos que antes era una cosa popular, prohibida durante el franquismo (la iglesia católica tenía el poder y la gloria de prohibir lo que le diera la gana, por algo tenía al dueño de toda España bajo un palio sonrosado de la luz crepuscular –disculpen el toque de bolero rancio–). El viejo carnaval se ha convertido en un desfile de espectáculo y carroza en las calles, un carnaval para contemplar en lugar del viejo carnaval para participar. El espectáculo ganó en pompa, pero perdió la vieja espontaneidad que se guarda en los pueblos y aldeas (aunque filtradas ya por la declaración de interés turístico). Los politicos también se apuntan al carnaval (y no vale el chiste fácil) y presumen de grandes desfiles, pero, que le quieren, echo de menos a las viejas mascaritas de rúa, los merdeiros que se tapaban con cuaquer ropa vieja para ser otra cosa distinta de la realidad diaria.
El miércoles de ceniza clausuró la locura alegre y trajo la seriedad aburrida. La cuaresma; cuarenta días de penitencia y reflexión sin comer carne ni caldo de carne hasta la semana santa. Claro que eso si usted es católico y estrictamente observante de su doctrina; en el caso contrario, la cuaresma no es más que una anotación sin importancia, y la semana santa unas vacaciones para acabar el invierno, que vienen muy bien a todos: dejémonos de tristezas, que no hemos venido a esta vida para sufrir. Pasaron los carnavales pero los políticos mantienen el ritmo frenético en unos pseudomítines concebidos para las televisiones y para colgar en red; el nivel de mendacidad es increible, aunque la gente votadora, paradójicamente, se lo cree. La cantidad de afirmaciones sin fundamento, claramente falsas que hacen circular, desde las televisiones encadenadas hasta los grupos de adictos al “feisbuk” o “guasaps”, aumenta cada día en proporciones mastodónticas. Y eso que todavía no estamos oficialmente en campaña. Parece como si el libertinaje carnavalero se trasladara a la cuaresma triste y convirtieran el tiempo de penitencia en una orgía de promesas electorales y de acusaciones insultantes a “esos”: los rivales.
Después de ver a los principales líderes acusar con una sonrisa juvenil de joven-promesa-con-mucho-futuro a los de enfrente (jovenes y promesas del mismo calibre) uno queda perplejo. ¿Merecíamos esto? ¿qué hicimos para ello? Si nos dedicáramos a la reflexión cuaresmal y volviéramos al catecismo del padre Astete, lo entenderíamos; fueron nuestros propios pecados políticos, sociales y económicos los que han creado a estos personajes, y por lo tanto, una semana antes de las jornada electoral, la semana de pasión y muerte, deberíamos marchar todos los votantes con un cirio en la mano haciendo examen de conciencia, contricción de corazón, propósito de la enmienda (a la totalidad) y cumplir después la penitencia, que nos va a durar cuatro años si no hay por medio una moción de censura, unos pactos más aliñados o unas elecciones anticipadas. Porque la democracia, que conocíamos como la elección de la minoría gobernante, se ha convertido en un tejemaneje de chamarileros.
Tenemos una dura cuaresma por delante en la que los ritos católicos y los ritos electorales se han perdido. La cuaresma es un carnaval moderno, donde los ciudadanos votantes, en lugar de participar de la fiesta de la democracia, vestidos de máscarita-me-conoces, nos dedicamos a ver pasar las carrozas de los lujosos politicos, vestidos con los mejores disfraces de demócrata-liberal-de-centro, todos un poco piratas, llegado el día de la mujer todos se visten de destrozona por un día, en la semana santa todos salen en procesión y el día de las elecciones todos sonreirán como aquel viejo anuncio del netol. Los ciudadanos, simplemente veremos la banda pasar cantando coplas de amor. Seguiremos como putas en cuaresma (ver diccionario de la RAE).
Pasó el 8-M. Todos apoyaron a todas, todos se hicieron feministas por un día, todos vieron como todas salían a la calle a reivindicar lo mismo que se reivindicaba hace cuarenta y tantos años. Buenos, todas, no, sólo las de toda la vida, no todas las mujeres son feministas, aunque todas lo afirmen; si así fuera habría claras contradicciones entre lo que se supone que es el feminismo (y que tiene unas cuantos derechos muy simples que exigir) y lo que muchas políticas (mujeres políticas) afirman que es “su” feminismo, un eufemismo para no contradecir los principios básicos de varios partidos políticos, fundados todos, no lo olvidemos, por hombres con mando en plaza y pretensiones de llegar al Poder, un lugar donde nunca estuvo una mujer y sólo en los últimos tiempos encontramos mujeres en los círculos más altos (por ahora no habrá reina ni presidenta), un poco por parecer modernos, otro poco por el empuje de la mujer en la sociedad y otro poco por ganarse un voto necesario de la cesta de los votos marginales; en otro tiempo esa cesta estaba llena de los votos de mujeres, homosexuales –hoy LGTBI–, ancianos, inmigrantes y otras minorías menores; hoy esa cesta ya no es un lugar donde meter la mano, aquellas marginalidades son ahora una base de votos que no se pueden perder, y por eso el pasado 8-M hemos visto a los grandes líderes y pequeños lideritos hacerse feministas por un día: todos mienten, están en campaña y la del feminismo es una de las mentiras de la larga lista de todo lo que tendrán que mentir en estos dos meses de largo recorrido hacia las urnas; posiblemente el resto del año tendrán que contentar a otras cestas de votos, principalmente a la de las grandes financieras que son, en el fondo, las que cortan un bacalao antiguo. El 8-M pasó y las mujeres (y hombres) que lo reivindican saben que el resto del año tienen que seguir a pie de obra, porque después de las fiestas la gente se olvida. Pasó el día, pasó la romería. Un día para celebrar cualquier cosa y una cuaresma para padecer la realidad.
Con la Cuaresma también entró la borrasca y se llevó las alergias. Y llovió un poco para que no lo olvidemos. También pasó el Carnaval, la fiesta de los locos que antes era una cosa popular, prohibida durante el franquismo (la iglesia católica tenía el poder y la gloria de prohibir lo que le diera la gana, por algo tenía al dueño de toda España bajo un palio sonrosado de la luz crepuscular –disculpen el toque de bolero rancio–). El viejo carnaval se ha convertido en un desfile de espectáculo y carroza en las calles, un carnaval para contemplar en lugar del viejo carnaval para participar. El espectáculo ganó en pompa, pero perdió la vieja espontaneidad que se guarda en los pueblos y aldeas (aunque filtradas ya por la declaración de interés turístico). Los politicos también se apuntan al carnaval (y no vale el chiste fácil) y presumen de grandes desfiles, pero, que le quieren, echo de menos a las viejas mascaritas de rúa, los merdeiros que se tapaban con cuaquer ropa vieja para ser otra cosa distinta de la realidad diaria.
El miércoles de ceniza clausuró la locura alegre y trajo la seriedad aburrida. La cuaresma; cuarenta días de penitencia y reflexión sin comer carne ni caldo de carne hasta la semana santa. Claro que eso si usted es católico y estrictamente observante de su doctrina; en el caso contrario, la cuaresma no es más que una anotación sin importancia, y la semana santa unas vacaciones para acabar el invierno, que vienen muy bien a todos: dejémonos de tristezas, que no hemos venido a esta vida para sufrir. Pasaron los carnavales pero los políticos mantienen el ritmo frenético en unos pseudomítines concebidos para las televisiones y para colgar en red; el nivel de mendacidad es increible, aunque la gente votadora, paradójicamente, se lo cree. La cantidad de afirmaciones sin fundamento, claramente falsas que hacen circular, desde las televisiones encadenadas hasta los grupos de adictos al “feisbuk” o “guasaps”, aumenta cada día en proporciones mastodónticas. Y eso que todavía no estamos oficialmente en campaña. Parece como si el libertinaje carnavalero se trasladara a la cuaresma triste y convirtieran el tiempo de penitencia en una orgía de promesas electorales y de acusaciones insultantes a “esos”: los rivales.
Después de ver a los principales líderes acusar con una sonrisa juvenil de joven-promesa-con-mucho-futuro a los de enfrente (jovenes y promesas del mismo calibre) uno queda perplejo. ¿Merecíamos esto? ¿qué hicimos para ello? Si nos dedicáramos a la reflexión cuaresmal y volviéramos al catecismo del padre Astete, lo entenderíamos; fueron nuestros propios pecados políticos, sociales y económicos los que han creado a estos personajes, y por lo tanto, una semana antes de las jornada electoral, la semana de pasión y muerte, deberíamos marchar todos los votantes con un cirio en la mano haciendo examen de conciencia, contricción de corazón, propósito de la enmienda (a la totalidad) y cumplir después la penitencia, que nos va a durar cuatro años si no hay por medio una moción de censura, unos pactos más aliñados o unas elecciones anticipadas. Porque la democracia, que conocíamos como la elección de la minoría gobernante, se ha convertido en un tejemaneje de chamarileros.
Tenemos una dura cuaresma por delante en la que los ritos católicos y los ritos electorales se han perdido. La cuaresma es un carnaval moderno, donde los ciudadanos votantes, en lugar de participar de la fiesta de la democracia, vestidos de máscarita-me-conoces, nos dedicamos a ver pasar las carrozas de los lujosos politicos, vestidos con los mejores disfraces de demócrata-liberal-de-centro, todos un poco piratas, llegado el día de la mujer todos se visten de destrozona por un día, en la semana santa todos salen en procesión y el día de las elecciones todos sonreirán como aquel viejo anuncio del netol. Los ciudadanos, simplemente veremos la banda pasar cantando coplas de amor. Seguiremos como putas en cuaresma (ver diccionario de la RAE).
viernes, 1 de marzo de 2019
Reglas de oro, reglas de plomo
J.A.Xesteira
Hay una regla de oro en novela, teatro, cine y, en general, en cualquier espectáculo artístico: nunca comiences el relato por arriba, hay que ir ascendiendo desde abajo hasta el gran golpe final, de lo contrario, si el principio es muy alto, subir hasta el gran final es más difícil. Tampoco es conveniente descubrir el asesino al principio, porque al espectador ya no le queda con que entretenerse. Claro que las reglas están para saltarlas y hay ejemplos en cine o literatura en donde se revela al comienzo lo que deberíamos descubrir al final. Pero eso sólo está reservado a los grandes genios; sólo si eres García Márquez puedes abrir la novela anunciando una muerte, y sólo si eres Billy Wilder puedes contar una historia desde el protagonista asesinado dentro de una piscina. Para el resto, es mejor comenzar por una sonrisa para acabar en una carcajada, y de eso sabían mucho Chaplin y Keaton. Pero, por lo que se ve, los políticos que están citados para el 28 de abril (San Prudencio, en el santoral católico) desconocen la regla del espectáculo, y salen a escena armando gran follón como jevimetaleros destroyer en la campaña electoral de nunca acabar. ¡Y nos quedan por delante dos meses!
Aún no bien dada la señal de que nos vemos en las urnas, y se disparó un mecanismo de centrifugado. Todo el mundo al extranjero; los del PP que habían ido unos días antes a que los echaran de Venezuela, volvieron de nuevo pero por la parte del festival de música de Colombia, un país que era enemigo de los USA pero que ahora es amigo; la nueva esperanza de los Ciudadanos, Inés Arrimadas salió un cuarto de hora para que le hicieran una foto en Waterloo; y Pedro Sánchez se fue a homenajear a la República Española en el sur de Francia, con flores para Azaña, Machado y los refugiados de las playas de Argelés (¿o eran inmigrantes?). Mientras, dentro, el nivel escenográfico es altísimo, con declaraciones sorpresivas y muchas mentiras. Casado dice que los funcionarios están mal acostumbrados, y que hay que pagarle más a los que se porten bien, evaluar al funcionariado; pero no dice quien evaluará, aunque sospecho que serán mejor tratados “los nuestros”. Toda una declaración de intenciones que no creo que haga muy feliz al funcionariado, a fin de cuentas, los funcionarios son fijos, y Casado es eventual. Dicen mentiras por la cara y se las pescan al segundo (a lo mejor era solo ignorancia atrevida; Casado afirma en entrevista estrella que no hay países con partidos independentistas, y podríamos señalarse unos cuantos en Europa: flamencos y escoceses, por ejemplo y referéndum) Mientras, se hablan de líneas rojas y de que nunca pactaremos con los que después a lo mejor vamos a tener que pactar, y se inventan nuevos conceptos políticos, como el “cordón sanitario” (al principio entendí “condón”, lo cual me parecía algo más lógico por las prevenciones en los pactos, pero después ya vi que no) Mientras cae el telón legislativo los acontecimientos se precipitan, se aprueban en decretos de última hora cosas que dieron vueltas parlamentarias sin aprobación; y se cierran comisiones parlamentarias con los resultados habituales: nunca han servido para nada más que para cobrar alguna dieta. Desde aquí hasta dentro de dos meses veremos cosas nunca vistas, oiremos voces de otros mundos y contemplaremos un espectáculo de luz y sonido como no soñamos, tal y como se supone después de este arranque desquiciado. Los candidatos y sus seguidores no pararán y se gastarán una pasta gansa que nunca sabremos de donde salió. Y después votaremos lo que votaremos y saldrá lo que salga. En esa fase de la película, a lo mejor ya nos fuimos de la sala o estamos dormidos. Nos echará el acomodador.
La otra pelicula, la del mundo, no está mejor. Aquí ya saben quien es el malo, el feo y el bueno. En esa película de serie B que es Venezuela los papeles ya estaban repartidos hace tiempo, ya había director, productor y el canal de televisión que se ha quedado con los derechos. En “lo de Venezuela” todo el mundo mete cuchara, todo el mundo opina y se está produciendo el mayor número de mentiras por segundo en todos los Medios del mundo, y el final, aunque impredecible, si puede acabar como el rosario de la aurora, porque, como buena serie de televisión, los guionistas van modificando el guión según los índices de audiencia. Hay un malo oficial, Maduro, hay un héroe oficial, Guaidó, y hay un ejército de señores de la guerra por los distintos reinos del juego de tronos. Y al fondo, como desde un Olimpo, Donald Trump.
“Lo de Venezuela” era un asunto anunciado; el tan socorrido –y poco leído por quien debiera leer algo más que los tuiters– profesor De Sousa, en su libro publicado el año pasado, anunciaba que el petróleo era el origen de las guerras orquestadas por EEUU (Siria y Libia) y anunciaba que lo siguiente sería Venezuela. En ese joropo venezolano, por si no se acuerdan, la cosa fue así: primero, las oligarquías caraqueñas, que son las que sostienen el import-export del país, cierran los suministros de consumo; USA los apoya y bloquea los bienes de consumo habituales, comida y cuentas del petróleo; después se coloca como autopresidente, una figura antidemocrática en cualquier lugar del mundo, al presidente del parlamento; unos cuantos países lo aceptan por indicación de USA, y esa situación, antidemocrática e ilegal se asume por gran parte de los dirigentes mundiales como “normal”. ¿Qué pasaría si 50 países del mundo dijera que no le gusta el presidente de Holanda o de Ruanda Burundi?
Ese esperpento surrealista es la tónica. El mundo se ha vuelto marxista, de la facción Groucho (“Estos son mis principios y si no le gustan tengo otros”) Este es el presidente, pero si no le gusta, tengo otros, dicen los siervos de USA. Este es el referéndum, y si no le gusta, hago otro, hasta que salga lo que queremos, diría Theresa May. Esta es la democracia, y si no le gusta, tengo otra.
Hay una regla de oro en novela, teatro, cine y, en general, en cualquier espectáculo artístico: nunca comiences el relato por arriba, hay que ir ascendiendo desde abajo hasta el gran golpe final, de lo contrario, si el principio es muy alto, subir hasta el gran final es más difícil. Tampoco es conveniente descubrir el asesino al principio, porque al espectador ya no le queda con que entretenerse. Claro que las reglas están para saltarlas y hay ejemplos en cine o literatura en donde se revela al comienzo lo que deberíamos descubrir al final. Pero eso sólo está reservado a los grandes genios; sólo si eres García Márquez puedes abrir la novela anunciando una muerte, y sólo si eres Billy Wilder puedes contar una historia desde el protagonista asesinado dentro de una piscina. Para el resto, es mejor comenzar por una sonrisa para acabar en una carcajada, y de eso sabían mucho Chaplin y Keaton. Pero, por lo que se ve, los políticos que están citados para el 28 de abril (San Prudencio, en el santoral católico) desconocen la regla del espectáculo, y salen a escena armando gran follón como jevimetaleros destroyer en la campaña electoral de nunca acabar. ¡Y nos quedan por delante dos meses!
Aún no bien dada la señal de que nos vemos en las urnas, y se disparó un mecanismo de centrifugado. Todo el mundo al extranjero; los del PP que habían ido unos días antes a que los echaran de Venezuela, volvieron de nuevo pero por la parte del festival de música de Colombia, un país que era enemigo de los USA pero que ahora es amigo; la nueva esperanza de los Ciudadanos, Inés Arrimadas salió un cuarto de hora para que le hicieran una foto en Waterloo; y Pedro Sánchez se fue a homenajear a la República Española en el sur de Francia, con flores para Azaña, Machado y los refugiados de las playas de Argelés (¿o eran inmigrantes?). Mientras, dentro, el nivel escenográfico es altísimo, con declaraciones sorpresivas y muchas mentiras. Casado dice que los funcionarios están mal acostumbrados, y que hay que pagarle más a los que se porten bien, evaluar al funcionariado; pero no dice quien evaluará, aunque sospecho que serán mejor tratados “los nuestros”. Toda una declaración de intenciones que no creo que haga muy feliz al funcionariado, a fin de cuentas, los funcionarios son fijos, y Casado es eventual. Dicen mentiras por la cara y se las pescan al segundo (a lo mejor era solo ignorancia atrevida; Casado afirma en entrevista estrella que no hay países con partidos independentistas, y podríamos señalarse unos cuantos en Europa: flamencos y escoceses, por ejemplo y referéndum) Mientras, se hablan de líneas rojas y de que nunca pactaremos con los que después a lo mejor vamos a tener que pactar, y se inventan nuevos conceptos políticos, como el “cordón sanitario” (al principio entendí “condón”, lo cual me parecía algo más lógico por las prevenciones en los pactos, pero después ya vi que no) Mientras cae el telón legislativo los acontecimientos se precipitan, se aprueban en decretos de última hora cosas que dieron vueltas parlamentarias sin aprobación; y se cierran comisiones parlamentarias con los resultados habituales: nunca han servido para nada más que para cobrar alguna dieta. Desde aquí hasta dentro de dos meses veremos cosas nunca vistas, oiremos voces de otros mundos y contemplaremos un espectáculo de luz y sonido como no soñamos, tal y como se supone después de este arranque desquiciado. Los candidatos y sus seguidores no pararán y se gastarán una pasta gansa que nunca sabremos de donde salió. Y después votaremos lo que votaremos y saldrá lo que salga. En esa fase de la película, a lo mejor ya nos fuimos de la sala o estamos dormidos. Nos echará el acomodador.
La otra pelicula, la del mundo, no está mejor. Aquí ya saben quien es el malo, el feo y el bueno. En esa película de serie B que es Venezuela los papeles ya estaban repartidos hace tiempo, ya había director, productor y el canal de televisión que se ha quedado con los derechos. En “lo de Venezuela” todo el mundo mete cuchara, todo el mundo opina y se está produciendo el mayor número de mentiras por segundo en todos los Medios del mundo, y el final, aunque impredecible, si puede acabar como el rosario de la aurora, porque, como buena serie de televisión, los guionistas van modificando el guión según los índices de audiencia. Hay un malo oficial, Maduro, hay un héroe oficial, Guaidó, y hay un ejército de señores de la guerra por los distintos reinos del juego de tronos. Y al fondo, como desde un Olimpo, Donald Trump.
“Lo de Venezuela” era un asunto anunciado; el tan socorrido –y poco leído por quien debiera leer algo más que los tuiters– profesor De Sousa, en su libro publicado el año pasado, anunciaba que el petróleo era el origen de las guerras orquestadas por EEUU (Siria y Libia) y anunciaba que lo siguiente sería Venezuela. En ese joropo venezolano, por si no se acuerdan, la cosa fue así: primero, las oligarquías caraqueñas, que son las que sostienen el import-export del país, cierran los suministros de consumo; USA los apoya y bloquea los bienes de consumo habituales, comida y cuentas del petróleo; después se coloca como autopresidente, una figura antidemocrática en cualquier lugar del mundo, al presidente del parlamento; unos cuantos países lo aceptan por indicación de USA, y esa situación, antidemocrática e ilegal se asume por gran parte de los dirigentes mundiales como “normal”. ¿Qué pasaría si 50 países del mundo dijera que no le gusta el presidente de Holanda o de Ruanda Burundi?
Ese esperpento surrealista es la tónica. El mundo se ha vuelto marxista, de la facción Groucho (“Estos son mis principios y si no le gustan tengo otros”) Este es el presidente, pero si no le gusta, tengo otros, dicen los siervos de USA. Este es el referéndum, y si no le gusta, hago otro, hasta que salga lo que queremos, diría Theresa May. Esta es la democracia, y si no le gusta, tengo otra.
viernes, 22 de febrero de 2019
Una vez, un país
J.A.Xesteira
Un cuento. Érase una vez Un País. Era un país como otro cualquiera, pero sus habitantes, también llamados ciudadanos, creían que eran mejores que los de los otros paises, más divertidos, más felices, más guapos, más…, mejores. En realidad, los habitantes de los otros países pensaban lo mismo. Este Un País vivía fuera de la ley de la gravedad y estaba sometido a la ley de la levedad del ser y del estar; sus habitantes, también llamados ciudadanos, se dividían en dos grupos, uno pequeño, que acumulaba gran cantidad de dinero, y otro muy grande que se repartía el resto, por eso su existencia era leve; en cualquier momento caían en agujeros llamados Paro Obrero, Expediente de Regulación Empresarial, Desahucio o un fenómeno conocido como No-LLego-A-Fin-De-Mes. Pese a todo, los habitantes, también llamados sobrevivientes (la parte más leve de la sociedad) también se creían que eran los mejores del mundo y que vivían en un mundo feliz; de verdad eran felices y hacían fiestas en las que consumían grandes cantidades de comidas y bebidas. En Un País había otros países más pequeños, llamados Autonomías, que tenían unas cualidades diferenciales que llamaban Peculiaridades: cocinaban el cerdo de forma distinta, los de la costa comían marisco y los del interior, corderos asados, bebían vinos distintos, eran gobernados por personajes distintos (que a su vez eran gobernados por el Más Distinto de Todos) y, sobre todo, hablaban lenguas distintas en cada Autonomía pero tenían una lengua común denominadora llamada Castellano y tratataban todos de hablar inglés, debido a alguna tara social dificil de entender (el inglés que hablaban los habitantes de Un País era un puro chapurreo; el castellano que hablaban tampoco era nada del otro viernes, lo que hablaban bien eran las lenguas de los países variados).
Este Un País tenía gobierno independiente, llamado Estado, pero pertenecía a un supragobierno continental, al que llamaban UE, que en el metalenguaje internacional significaba: lugar donde hacer negocios al tiempo que se hace creer a los países y a sus habitantes de que lo que hacen es una política común. Era un simple mercado disfrazado de supergobierno superlegislador. Para pertenecer a UE había que cumplir una condición: vivir en un sistema de Democracia. Esto era una cosa antigua, de los tiempos de los griegos, que consistía, simplificando, en que los habitantes, aquí llamados electores, elegían a los que les gobernarían durante un tiempo: la mayoría (gobernada) elegía a la minoría (gobernante). Pero en la UE sólo bastaba con decir: somos demócratas, y ya está. En los tiempos de este cuento, la democracia no era más que una marca registrada; los países de la UE podían ser cualquier cosa, y sus gobiernos tambíen, inclúida la posibilidad de ser una cosa antigua llamada Fascismo, que también se disfrazaba con nombres distintos. Por lo demás, en la UE, los que mandaban eran unas bandas ocultas llamadas Lobbies Feroces, que hacían valer un derecho no escrito, el Derecho de Mangoneo. En Un País también la democracia ocultaba a otros Lobbies Feroces que también ejercían ese derecho. En todas partes se firmaban leyes para todo pero después se cumplían o no según el momento y la circunstancia.
Sucedió que en Un País, una parte de él, una de esas Peculiaridades, decidió que no quería arrejuntarse más y que quería ir por libre, y los gobernantes de Un País, apoyados en las leyes llamadas Constituyentes, metieron en la cárcel a los peculiares que querían ir por libre. Y se montó un lío teatral, y en una especie de juego de las sillas, al dar la vuelta, el gobernante Más Distinto de Todos, se quedó sin silla y se la quitó otro Más Distinto. Y el resto de los políticos, llamados La Oposición, se opusieron. Y al final todo acabó en unas nuevas elecciones, que son como un concurso, una primitiva lotería en la que juegan todos los habitantes, aquí llamados votantes, para decidir quien será el próximo gobernante Más Distinto de Todos. No tiene mayor trascendencia, suele suceder cada cierto tiempo y con este juego de azares y fortunas se le da a los habitantes, aquí llamados partidarios, la ilusión de que con meter un papel en una caja consiguen cambiar los gobiernos. En realidad sólo deciden entre tres o cuatro personas que previamente fueron colocados al frente de unas peñas políticas llamadas Partidos para que los Lobbies tengan un interlocutor con quien negociar.
En este Un País se da la circunstancia de que hay que elegir representantes para la UE, y, para aprovechar el viaje, se eligen a los Distintos de las Autonomías Peculiares y a los Jefes de Tribu de los llamados Concellos-Ayuntamientos. Pero antes hay que elegir al próximo Más Distinto de Todos. Todo este movimiento lleva consigo grandes gastos de los Partidos, que nadie sabe de donde sacan el dinero. Todo está en campaña electoral en Un País. Los candidados a SuperDistinto, cuatro, se atacan entre sí y anuncian que si ganan no pactarán con Esos (los otros), pero saben que después tendrán que pactar con los Cualquieras, como ya hicieron sus antepasados (el distinto Aznar pactó con los independentistas catalanes para ser presidente, el distinto Felipe González, también pactó con los independentistas catalanes). Es una norma no escrita en Un País, que una cosa es la pelea de discoteca y otra cosa es la resaca del día siguiente.
Los llamados Candidatos, que son los que van a pactar con cualquier cosa dentro de unas semanas, son todos parecidos, jóvenes, obvios, vulgares, con muchas promesas pero sin ningún contenido que las avale. Pero, sobre todo, son candidatos modernos, sin sustancia que pueda provocar rechazos e intolerancias, son candidatos sin gluten, sin azúcares añadidos, sin cafeina, sin lactosa, sin grasa, sin conservantes ni colorantes, tal y como le interesa al Sistema Control. En los Viejos Tiempos las tribus eran gobernadas por los ancianos, que tenían la sabiduría de los tiempos; en estos Nuevos Tiempos parece que van a mandar los reclutas novatos. Por eso este cuento no acaba con un colorín colorado, sino que es un cuento de nunca acabar en Un País imaginario.
Un cuento. Érase una vez Un País. Era un país como otro cualquiera, pero sus habitantes, también llamados ciudadanos, creían que eran mejores que los de los otros paises, más divertidos, más felices, más guapos, más…, mejores. En realidad, los habitantes de los otros países pensaban lo mismo. Este Un País vivía fuera de la ley de la gravedad y estaba sometido a la ley de la levedad del ser y del estar; sus habitantes, también llamados ciudadanos, se dividían en dos grupos, uno pequeño, que acumulaba gran cantidad de dinero, y otro muy grande que se repartía el resto, por eso su existencia era leve; en cualquier momento caían en agujeros llamados Paro Obrero, Expediente de Regulación Empresarial, Desahucio o un fenómeno conocido como No-LLego-A-Fin-De-Mes. Pese a todo, los habitantes, también llamados sobrevivientes (la parte más leve de la sociedad) también se creían que eran los mejores del mundo y que vivían en un mundo feliz; de verdad eran felices y hacían fiestas en las que consumían grandes cantidades de comidas y bebidas. En Un País había otros países más pequeños, llamados Autonomías, que tenían unas cualidades diferenciales que llamaban Peculiaridades: cocinaban el cerdo de forma distinta, los de la costa comían marisco y los del interior, corderos asados, bebían vinos distintos, eran gobernados por personajes distintos (que a su vez eran gobernados por el Más Distinto de Todos) y, sobre todo, hablaban lenguas distintas en cada Autonomía pero tenían una lengua común denominadora llamada Castellano y tratataban todos de hablar inglés, debido a alguna tara social dificil de entender (el inglés que hablaban los habitantes de Un País era un puro chapurreo; el castellano que hablaban tampoco era nada del otro viernes, lo que hablaban bien eran las lenguas de los países variados).
Este Un País tenía gobierno independiente, llamado Estado, pero pertenecía a un supragobierno continental, al que llamaban UE, que en el metalenguaje internacional significaba: lugar donde hacer negocios al tiempo que se hace creer a los países y a sus habitantes de que lo que hacen es una política común. Era un simple mercado disfrazado de supergobierno superlegislador. Para pertenecer a UE había que cumplir una condición: vivir en un sistema de Democracia. Esto era una cosa antigua, de los tiempos de los griegos, que consistía, simplificando, en que los habitantes, aquí llamados electores, elegían a los que les gobernarían durante un tiempo: la mayoría (gobernada) elegía a la minoría (gobernante). Pero en la UE sólo bastaba con decir: somos demócratas, y ya está. En los tiempos de este cuento, la democracia no era más que una marca registrada; los países de la UE podían ser cualquier cosa, y sus gobiernos tambíen, inclúida la posibilidad de ser una cosa antigua llamada Fascismo, que también se disfrazaba con nombres distintos. Por lo demás, en la UE, los que mandaban eran unas bandas ocultas llamadas Lobbies Feroces, que hacían valer un derecho no escrito, el Derecho de Mangoneo. En Un País también la democracia ocultaba a otros Lobbies Feroces que también ejercían ese derecho. En todas partes se firmaban leyes para todo pero después se cumplían o no según el momento y la circunstancia.
Sucedió que en Un País, una parte de él, una de esas Peculiaridades, decidió que no quería arrejuntarse más y que quería ir por libre, y los gobernantes de Un País, apoyados en las leyes llamadas Constituyentes, metieron en la cárcel a los peculiares que querían ir por libre. Y se montó un lío teatral, y en una especie de juego de las sillas, al dar la vuelta, el gobernante Más Distinto de Todos, se quedó sin silla y se la quitó otro Más Distinto. Y el resto de los políticos, llamados La Oposición, se opusieron. Y al final todo acabó en unas nuevas elecciones, que son como un concurso, una primitiva lotería en la que juegan todos los habitantes, aquí llamados votantes, para decidir quien será el próximo gobernante Más Distinto de Todos. No tiene mayor trascendencia, suele suceder cada cierto tiempo y con este juego de azares y fortunas se le da a los habitantes, aquí llamados partidarios, la ilusión de que con meter un papel en una caja consiguen cambiar los gobiernos. En realidad sólo deciden entre tres o cuatro personas que previamente fueron colocados al frente de unas peñas políticas llamadas Partidos para que los Lobbies tengan un interlocutor con quien negociar.
En este Un País se da la circunstancia de que hay que elegir representantes para la UE, y, para aprovechar el viaje, se eligen a los Distintos de las Autonomías Peculiares y a los Jefes de Tribu de los llamados Concellos-Ayuntamientos. Pero antes hay que elegir al próximo Más Distinto de Todos. Todo este movimiento lleva consigo grandes gastos de los Partidos, que nadie sabe de donde sacan el dinero. Todo está en campaña electoral en Un País. Los candidados a SuperDistinto, cuatro, se atacan entre sí y anuncian que si ganan no pactarán con Esos (los otros), pero saben que después tendrán que pactar con los Cualquieras, como ya hicieron sus antepasados (el distinto Aznar pactó con los independentistas catalanes para ser presidente, el distinto Felipe González, también pactó con los independentistas catalanes). Es una norma no escrita en Un País, que una cosa es la pelea de discoteca y otra cosa es la resaca del día siguiente.
Los llamados Candidatos, que son los que van a pactar con cualquier cosa dentro de unas semanas, son todos parecidos, jóvenes, obvios, vulgares, con muchas promesas pero sin ningún contenido que las avale. Pero, sobre todo, son candidatos modernos, sin sustancia que pueda provocar rechazos e intolerancias, son candidatos sin gluten, sin azúcares añadidos, sin cafeina, sin lactosa, sin grasa, sin conservantes ni colorantes, tal y como le interesa al Sistema Control. En los Viejos Tiempos las tribus eran gobernadas por los ancianos, que tenían la sabiduría de los tiempos; en estos Nuevos Tiempos parece que van a mandar los reclutas novatos. Por eso este cuento no acaba con un colorín colorado, sino que es un cuento de nunca acabar en Un País imaginario.
viernes, 15 de febrero de 2019
No era esto, no era esto
J.A.Xesteira
Uno de los problemas con que nos encontramos los que escribimos nuestras ocurrencias en forma de artículo periodístico es que la realidad, muchas veces, va más rápida que lo escrito y le pasa por encima. Cuando estas mil y pico de palabras estén impresas en el diario que usted tiene en la mano, ya se sabe que el presidente Sánchez convoca las elecciones para el 28 de abril, pero lo escrito ya tiene que estar escrito e inventado antes de que comencemos la campaña electoral permanente.
Después del debate presupuestario, una especie de pelea escolar de chulitos, en la que cada uno hizo valer sus propias chulerías para no “ajuntarse” porque es un todos-contra-todos en esa chapuza parlamentaria, creo que deberíamos reconsiderar a que cotas de miseria hemos llegado partiendo desde la más absoluta indigencia política. Lo reconsideraremos nosotros, los ciudadanos simples, porque los políticos están todavía liados con las posibilidades de alcanzar el Poder; son como aquel personaje de tebeo, el gran visir que quería ser califa en lugar del califa; parece que toda la gobernanza de este país se limita a eso: pillar el mando. Y no era eso lo que se pretendía hace cuarenta años, más o menos, cuando comenzamos a hablar de democracia real después de una dictadura (se acuerdan de que era una dictadura, con un dictador encima, lo digo porque parece que todo el mundo se ha olvidado, la memoria es frágil y no se regala) Se suponía que en democracia, los aspirantes al poder tenían la misión de hacer más llevadera la vida de los ciudadanos; y al principio todo pareció ir en ese camino, todo era novedad y originalidad, incluso con un gobierno que inventó el Centro como situación estratégico-política; después, cambia que te cambia, las cosas se fueron torciendo: cada uno mintió más que el anterior; uno, desde la sedicente izquierda, nos metió en la OTAN (también en Europa) y nos clavó una ley laboral que echó por tierra hasta los mismísimos mártires de Chicago; el otro, desde la derecha mandó las tropas a defender el petroleo de Bush hijo, un amiguete; poco a poco, desde la honradez que se les suponía, fueron creando corrupciones y organizando poderes paralelos en los que el dinero público que nos haría felices sólo hacían felices a unos cuantos amigos y amiguetes. Todo eso es historia, pero dado que nuestra memoria es flaca, incluida la memoria histórica, no vale la pena revolver sobre ello. Todos los gobernantes en democracia han tenido como objetivo conquistar el poder y mantenerlo agarrado, pero una vez conseguido no han sabido o no han querido utilizarlo en favor de los ciudadanos.
Llegamos a este punto, a esta semana en la que la historia de este país es un enorme barullo lleno de chulería política, con un Poder a punto de salir a subasta y una tropa de políticos de todo-a-cien que ya se ven como ganadores de una operación triunfo electoral. A eso se ha reducido la democracia. Y no era eso lo que pensabamos que sería hace cuarenta años.
Un panorama deprimente el español (el europeo y el mundial no está mucho más optimista) en los que hay unos presupuestos generales del Estado por aprobar y eso parece un drama. Realmente da lo mismo, los presupuestos aprobados no son más que un reparto a priori de lo que se va a gastar, pero eso no quiere decir que después se cumplan, muchas partidas quedan sin gastar y otras se sobrepasan. Pero la importancia de la aprobación está en que todos los partidos sin excepción mostraron su ofensa personal con el único fin de quitarle poder a Sánchez para ganar dentro de unas semanas. Da lo mismo que la ciudadanía tenga derecho a todo lo que le concede la Constitución y ese derecho tiene unos gastos; parece que lo importante es quitar a Sánchez para ponerme yo. Y la democracia que pensábamos no era esto.
Después está el Juicio, un lío jurídico poco frecuente en Europa (de la que formamos parte, recuerden) por culpa de un referéndum independentista de derechas (en Europa se celebran referendos parecidos y no pasa nada) Aquí tenemos a un presidente autonómico en el exilio (caso único europeo), a medio parlamento y gobierno catalanes en la cárcel. Y un Juicio rodeado de todas las sospechas jurídicas posibles. Y acusaciones de sedición, rebelión, malversación de fondos públicos, desobediencia y organización criminal. Muchos adjetivos para tanto lío incomprensible. Cabe recordar que la Transición se hizo de forma rebelde, sediciosa apoyada por organizaciones “criminales” que después fueron partidos políticos. Y no era esto lo que pensábamos que sería.
También se hizo una Constitución que imaginamos que duraría un tiempo y después se cambiaría, según las cosas fueran mejorando. Nunca me gustó la Constitución, las cosas positivas no so) más que buenos deseos que nunca se concretan; los derechos funcionan de arriba abajo, nunca de abajo arriba, y los deberes funcionan en el sentido contrario. Y no era eso lo que esperábamos de unas leyes fundamentales.
Así llegamos a este punto, un panorama de cifras en las que se mezclan los parados con los trabajadores precarios, el aumento de la pobreza general con el aumento de la riqueza en manos concentradas. Y dentro de unas semanas saldrán a subasta los nuevos candidatos a ser califa en lugar del califa. Y cuando uno de ellos gane y sea el nuevo jefe de Gobierno recordaré aquella fabulita de Ambrose Bierce (magnífico cínico) que contaba como un alto funcionario había ascendido en su cargo y se lo fue a comunicar al rey, quien dijo: “Entiendo, te han ascendido y doblado el sueldo y complementos para gastos. Y ahora tienes dos cabezas, ¿verdad?” “No, majestad, solo una” “¿Y cuantas piernas y brazos?” “Sólo dos y dos” “¿Y un solo cuerpo?” “Si, un solo cuerpo”…Y dijo el monarca: “Pues tengo la sensación de que están tirando el dinero, porque me pareces el mismo tonto de antes”. Dentro de unas semanas veremos quien asciende con el mismo cuerpo y alma que tenía ahora mismo, después del pleno del presupuesto.
Uno de los problemas con que nos encontramos los que escribimos nuestras ocurrencias en forma de artículo periodístico es que la realidad, muchas veces, va más rápida que lo escrito y le pasa por encima. Cuando estas mil y pico de palabras estén impresas en el diario que usted tiene en la mano, ya se sabe que el presidente Sánchez convoca las elecciones para el 28 de abril, pero lo escrito ya tiene que estar escrito e inventado antes de que comencemos la campaña electoral permanente.
Después del debate presupuestario, una especie de pelea escolar de chulitos, en la que cada uno hizo valer sus propias chulerías para no “ajuntarse” porque es un todos-contra-todos en esa chapuza parlamentaria, creo que deberíamos reconsiderar a que cotas de miseria hemos llegado partiendo desde la más absoluta indigencia política. Lo reconsideraremos nosotros, los ciudadanos simples, porque los políticos están todavía liados con las posibilidades de alcanzar el Poder; son como aquel personaje de tebeo, el gran visir que quería ser califa en lugar del califa; parece que toda la gobernanza de este país se limita a eso: pillar el mando. Y no era eso lo que se pretendía hace cuarenta años, más o menos, cuando comenzamos a hablar de democracia real después de una dictadura (se acuerdan de que era una dictadura, con un dictador encima, lo digo porque parece que todo el mundo se ha olvidado, la memoria es frágil y no se regala) Se suponía que en democracia, los aspirantes al poder tenían la misión de hacer más llevadera la vida de los ciudadanos; y al principio todo pareció ir en ese camino, todo era novedad y originalidad, incluso con un gobierno que inventó el Centro como situación estratégico-política; después, cambia que te cambia, las cosas se fueron torciendo: cada uno mintió más que el anterior; uno, desde la sedicente izquierda, nos metió en la OTAN (también en Europa) y nos clavó una ley laboral que echó por tierra hasta los mismísimos mártires de Chicago; el otro, desde la derecha mandó las tropas a defender el petroleo de Bush hijo, un amiguete; poco a poco, desde la honradez que se les suponía, fueron creando corrupciones y organizando poderes paralelos en los que el dinero público que nos haría felices sólo hacían felices a unos cuantos amigos y amiguetes. Todo eso es historia, pero dado que nuestra memoria es flaca, incluida la memoria histórica, no vale la pena revolver sobre ello. Todos los gobernantes en democracia han tenido como objetivo conquistar el poder y mantenerlo agarrado, pero una vez conseguido no han sabido o no han querido utilizarlo en favor de los ciudadanos.
Llegamos a este punto, a esta semana en la que la historia de este país es un enorme barullo lleno de chulería política, con un Poder a punto de salir a subasta y una tropa de políticos de todo-a-cien que ya se ven como ganadores de una operación triunfo electoral. A eso se ha reducido la democracia. Y no era eso lo que pensabamos que sería hace cuarenta años.
Un panorama deprimente el español (el europeo y el mundial no está mucho más optimista) en los que hay unos presupuestos generales del Estado por aprobar y eso parece un drama. Realmente da lo mismo, los presupuestos aprobados no son más que un reparto a priori de lo que se va a gastar, pero eso no quiere decir que después se cumplan, muchas partidas quedan sin gastar y otras se sobrepasan. Pero la importancia de la aprobación está en que todos los partidos sin excepción mostraron su ofensa personal con el único fin de quitarle poder a Sánchez para ganar dentro de unas semanas. Da lo mismo que la ciudadanía tenga derecho a todo lo que le concede la Constitución y ese derecho tiene unos gastos; parece que lo importante es quitar a Sánchez para ponerme yo. Y la democracia que pensábamos no era esto.
Después está el Juicio, un lío jurídico poco frecuente en Europa (de la que formamos parte, recuerden) por culpa de un referéndum independentista de derechas (en Europa se celebran referendos parecidos y no pasa nada) Aquí tenemos a un presidente autonómico en el exilio (caso único europeo), a medio parlamento y gobierno catalanes en la cárcel. Y un Juicio rodeado de todas las sospechas jurídicas posibles. Y acusaciones de sedición, rebelión, malversación de fondos públicos, desobediencia y organización criminal. Muchos adjetivos para tanto lío incomprensible. Cabe recordar que la Transición se hizo de forma rebelde, sediciosa apoyada por organizaciones “criminales” que después fueron partidos políticos. Y no era esto lo que pensábamos que sería.
También se hizo una Constitución que imaginamos que duraría un tiempo y después se cambiaría, según las cosas fueran mejorando. Nunca me gustó la Constitución, las cosas positivas no so) más que buenos deseos que nunca se concretan; los derechos funcionan de arriba abajo, nunca de abajo arriba, y los deberes funcionan en el sentido contrario. Y no era eso lo que esperábamos de unas leyes fundamentales.
Así llegamos a este punto, un panorama de cifras en las que se mezclan los parados con los trabajadores precarios, el aumento de la pobreza general con el aumento de la riqueza en manos concentradas. Y dentro de unas semanas saldrán a subasta los nuevos candidatos a ser califa en lugar del califa. Y cuando uno de ellos gane y sea el nuevo jefe de Gobierno recordaré aquella fabulita de Ambrose Bierce (magnífico cínico) que contaba como un alto funcionario había ascendido en su cargo y se lo fue a comunicar al rey, quien dijo: “Entiendo, te han ascendido y doblado el sueldo y complementos para gastos. Y ahora tienes dos cabezas, ¿verdad?” “No, majestad, solo una” “¿Y cuantas piernas y brazos?” “Sólo dos y dos” “¿Y un solo cuerpo?” “Si, un solo cuerpo”…Y dijo el monarca: “Pues tengo la sensación de que están tirando el dinero, porque me pareces el mismo tonto de antes”. Dentro de unas semanas veremos quien asciende con el mismo cuerpo y alma que tenía ahora mismo, después del pleno del presupuesto.
viernes, 8 de febrero de 2019
Tirarse a la piscina
J.A.Xesteira
Desconozco los motivos por los cuales el presidente de España, Pedro Sánchez de momento, ha tenido a bien meterse en un jardín lleno de minas y erigirse en adalid europeo contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, también por el momento, y en defensa de Guaidó, al que ha llamado “presidente encargado”. Sánchez se coloca a la cabeza de los países europeos en defensa de la democracia venezolana y saca pecho para pedir elecciones libres y democráticas. Realmente ha dado más pasos de chulería política que cualquiera de sus contemporáneos en el panorama mundial, con la nota sospechosa de los italianos, que siempre han sido más listos que los ratones colorados, o los mexicanos, que dicen que “vamos a ir con calma, que a Guaidó no lo ha elegido el pueblo!. En el embrollo (maldito) tercia Felipe González, amigo de otra Venezuela, la de Carlos Andrés Pérez, el presidente más corrupto del país boliviarano, cuyos delitos económicos todavía padecen hoy los venezolanos y cuyo mandato sirvió para los grandes negocios españoles (ver wikipedias) y un Caracazo con 300 muertos y 2.000 desaparecidos. En el fondo del paiseje se dibuja, como siempre, a los Estados Unidos de Norteamérica (USA), potencia imperial siempre detrás de todos los movimientos de progreso en las Américas, incluídos asesinatos en masa (remember Kissinger, genocida impune) y que ahora en lugar de la CIA y los golpes de estado con militares y armas, aplica el sistema de estrangular la economía de los países no amigos con la cooperación de los oligarcas y grandes familias de cada país (Venezuela inclusa).
Si yo fuera un experto analista político o un gran estratega de los que debaten a diario en televisión, les daría una explicación pormenorizada de la situación, de lo que va a venir y de lo que se está cociendo en el mundo que manejan gobernantes sin carnet de gobernar. Pero como no lo soy me limitaré a hacerme unas cuantas preguntas que no entiendo; ya saben, como el personaje de Calderón, “yo era un tonto, y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.
Primera cuestión. Sánchez, presidente español, presidente valiente, reprueba a Maduro, presidente venezolano, y reconoce a Guaidó, presidente –sólo– de la Asamblea Nacional y pide que se convoquen elecciones libres. Los argumentos son un enorme lío de afirmaciones sin fundamentar: que si el pueblo venezolano, que si la economía, que si los venezolanos huyen hacia España… Todo un embrollo publicado en los Medios, con mucha carga política pero escaso fundamento periodístico (cuando las Historia la escriben los políticos y no los periodistas, mejor dedicarse a la literatura). Y claro, aquí me hago unas preguntas (que no contestaré). Venezuela es un país extranjero, no es una colonia española, y por tanto deben ser los venezolanos quienes decidan su vida, bien o mal; el presidente Maduro fue elegido en unas elecciones libres (como las de USA o las de Brasil), Pedro Sánchez no fue elegido en unas elecciones libres sino en el trapicheo de una moción de censura contra Rajoy. Ahora reconoce a un presidente de un país extranjero que no fue elegido por nadie. Pensemos; ¿qué pasaría si un país cualquiera, Kazajistán o San Marino, decidiera que Pedro Sánchez no es el presidente y reconociera a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, como “presidenta encargada” de España. Esperpéntico, pero piensen en la similitud del embrollo. Es una extraña democracia: no nos gusta del que eligió el pueblo, que lo cambien.
Otra cuestión. Los medios de información ya han tomado partido (salvo honradas excepciones) y se les ve el plumero. Un dato simple, esos mismos medios que llamaban “migrantes” a los huidos de Libia o Siria, llaman ahora “refugiados” a los que se vienen de Venezuela (¿habrá algún campo de internamiento para venezolanos?) Otro dato; afirman que Europa reprueba a Maduro pero no se alinea con Trump, lo cual es un misterio trinitario con petróleo al fondo.
Me hago otra pregunta (a lo mejor alguien tiene la respuesta) sobre la necesidad de Sánchez de meterse en aventuras equinocciales tropicales. Se entendería si los asuntos de su casa, que es la nuestra, estuvieran resueltos, su posición política al frente del Gobierno estuviera consolidada y España fuera bien, como decía aquel presidente de cuyo nombre no quiero acordarme. No alcanzo a ver los motivos por los que se mete a arreglar la casa del vecino teniendo como tiene la suya.
Y es que su casa se le pone cuesta ariba al presidente Sánchez, encargado de gobernar este país, no Venezuela. Mientras pide democracia y elecciones libres para Guaidó, tiene aquí a los catalanes pidiendo lo mismo y, además, sin vías de resolución, una incógnita en sí misma, con tres heridas abiertas, como el poema de Miguel Hernández: la del presidente elegido en elecciones libres, exiliado en Bélgica, la de medio Parlament encarcelado y en espera de juicio, y la de un president y un Parlament que no gobiernan. Y, por encima, están pendientes los presupuestos del Estado, que a lo mejor ni se aprueban. Y mientras Sanchez saca pecho internacional, sube el paro en estas tierras, donde cada vez hay menos puestos de trabajo (aquí me pregunto: ¿a qué llamamos empleo en estos momentos?¿a que llamamos salario?) y los sindicatos, empezando por la UGT, otro tiempo el sindicato de cabecera del PSOE, anuncia movilizaciones para ahora mismo, porque los pactos no se cumplen. Y mientras el tejido laboral se pudre y huele fatal, la banca gana pasta a una velocidad de 1,9 millones a la hora (auténtico) mientras elimina 90.000 empleos y ciera 11.000 sucursales.
Por eso no entiendo esta tirada a la piscina del presidente Sánchez, con lo que le está cayendo. Quizás sea porque las encuestas, que son como el agua en las que nadan los políticos, le dan como ganador; quizás porque hay una confabulación mundial para poner en los gobiernos a una especie de “Niños del Brasil”, clonados en el mismo proyecto (ver físicos de los que tenemos en casa en todos los partidos y compararlos con Guaidó). En cualquier caso alguien debería decirle al presidente Sánchez que, a lo peor, en la piscina no hay agua.
Desconozco los motivos por los cuales el presidente de España, Pedro Sánchez de momento, ha tenido a bien meterse en un jardín lleno de minas y erigirse en adalid europeo contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, también por el momento, y en defensa de Guaidó, al que ha llamado “presidente encargado”. Sánchez se coloca a la cabeza de los países europeos en defensa de la democracia venezolana y saca pecho para pedir elecciones libres y democráticas. Realmente ha dado más pasos de chulería política que cualquiera de sus contemporáneos en el panorama mundial, con la nota sospechosa de los italianos, que siempre han sido más listos que los ratones colorados, o los mexicanos, que dicen que “vamos a ir con calma, que a Guaidó no lo ha elegido el pueblo!. En el embrollo (maldito) tercia Felipe González, amigo de otra Venezuela, la de Carlos Andrés Pérez, el presidente más corrupto del país boliviarano, cuyos delitos económicos todavía padecen hoy los venezolanos y cuyo mandato sirvió para los grandes negocios españoles (ver wikipedias) y un Caracazo con 300 muertos y 2.000 desaparecidos. En el fondo del paiseje se dibuja, como siempre, a los Estados Unidos de Norteamérica (USA), potencia imperial siempre detrás de todos los movimientos de progreso en las Américas, incluídos asesinatos en masa (remember Kissinger, genocida impune) y que ahora en lugar de la CIA y los golpes de estado con militares y armas, aplica el sistema de estrangular la economía de los países no amigos con la cooperación de los oligarcas y grandes familias de cada país (Venezuela inclusa).
Si yo fuera un experto analista político o un gran estratega de los que debaten a diario en televisión, les daría una explicación pormenorizada de la situación, de lo que va a venir y de lo que se está cociendo en el mundo que manejan gobernantes sin carnet de gobernar. Pero como no lo soy me limitaré a hacerme unas cuantas preguntas que no entiendo; ya saben, como el personaje de Calderón, “yo era un tonto, y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.
Primera cuestión. Sánchez, presidente español, presidente valiente, reprueba a Maduro, presidente venezolano, y reconoce a Guaidó, presidente –sólo– de la Asamblea Nacional y pide que se convoquen elecciones libres. Los argumentos son un enorme lío de afirmaciones sin fundamentar: que si el pueblo venezolano, que si la economía, que si los venezolanos huyen hacia España… Todo un embrollo publicado en los Medios, con mucha carga política pero escaso fundamento periodístico (cuando las Historia la escriben los políticos y no los periodistas, mejor dedicarse a la literatura). Y claro, aquí me hago unas preguntas (que no contestaré). Venezuela es un país extranjero, no es una colonia española, y por tanto deben ser los venezolanos quienes decidan su vida, bien o mal; el presidente Maduro fue elegido en unas elecciones libres (como las de USA o las de Brasil), Pedro Sánchez no fue elegido en unas elecciones libres sino en el trapicheo de una moción de censura contra Rajoy. Ahora reconoce a un presidente de un país extranjero que no fue elegido por nadie. Pensemos; ¿qué pasaría si un país cualquiera, Kazajistán o San Marino, decidiera que Pedro Sánchez no es el presidente y reconociera a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, como “presidenta encargada” de España. Esperpéntico, pero piensen en la similitud del embrollo. Es una extraña democracia: no nos gusta del que eligió el pueblo, que lo cambien.
Otra cuestión. Los medios de información ya han tomado partido (salvo honradas excepciones) y se les ve el plumero. Un dato simple, esos mismos medios que llamaban “migrantes” a los huidos de Libia o Siria, llaman ahora “refugiados” a los que se vienen de Venezuela (¿habrá algún campo de internamiento para venezolanos?) Otro dato; afirman que Europa reprueba a Maduro pero no se alinea con Trump, lo cual es un misterio trinitario con petróleo al fondo.
Me hago otra pregunta (a lo mejor alguien tiene la respuesta) sobre la necesidad de Sánchez de meterse en aventuras equinocciales tropicales. Se entendería si los asuntos de su casa, que es la nuestra, estuvieran resueltos, su posición política al frente del Gobierno estuviera consolidada y España fuera bien, como decía aquel presidente de cuyo nombre no quiero acordarme. No alcanzo a ver los motivos por los que se mete a arreglar la casa del vecino teniendo como tiene la suya.
Y es que su casa se le pone cuesta ariba al presidente Sánchez, encargado de gobernar este país, no Venezuela. Mientras pide democracia y elecciones libres para Guaidó, tiene aquí a los catalanes pidiendo lo mismo y, además, sin vías de resolución, una incógnita en sí misma, con tres heridas abiertas, como el poema de Miguel Hernández: la del presidente elegido en elecciones libres, exiliado en Bélgica, la de medio Parlament encarcelado y en espera de juicio, y la de un president y un Parlament que no gobiernan. Y, por encima, están pendientes los presupuestos del Estado, que a lo mejor ni se aprueban. Y mientras Sanchez saca pecho internacional, sube el paro en estas tierras, donde cada vez hay menos puestos de trabajo (aquí me pregunto: ¿a qué llamamos empleo en estos momentos?¿a que llamamos salario?) y los sindicatos, empezando por la UGT, otro tiempo el sindicato de cabecera del PSOE, anuncia movilizaciones para ahora mismo, porque los pactos no se cumplen. Y mientras el tejido laboral se pudre y huele fatal, la banca gana pasta a una velocidad de 1,9 millones a la hora (auténtico) mientras elimina 90.000 empleos y ciera 11.000 sucursales.
Por eso no entiendo esta tirada a la piscina del presidente Sánchez, con lo que le está cayendo. Quizás sea porque las encuestas, que son como el agua en las que nadan los políticos, le dan como ganador; quizás porque hay una confabulación mundial para poner en los gobiernos a una especie de “Niños del Brasil”, clonados en el mismo proyecto (ver físicos de los que tenemos en casa en todos los partidos y compararlos con Guaidó). En cualquier caso alguien debería decirle al presidente Sánchez que, a lo peor, en la piscina no hay agua.
viernes, 1 de febrero de 2019
Todos quieren elecciones
J.A.Xesteira
Democracia no es más que una palabra, como otra cualquiera, solo sirve cuando se la llena de contenido práctico. Los que que nacimos, crecimos y vivimos en un tiempo ademocrático (una dictadura mas dura de lo que los nostálgicos añoran) creímos que con la democracia ya estaba todo solucionado: un hombre un voto (las mujeres votaban, pero se les incluía en el genérico “hombre”) y ya se nos abriría un mundo de felicidad gobernado por aquellos demócratas elegidos por la mayoría ciudadana. Resultó que “aquellos demócratas” eran muchas cosas añadidas, desde antiguos franquistas con mando en plaza hasta paracaidistas apuntados al juego democrático como un puesto de trabajo cómodo y bien remunerado. No voy a contar mucho más de todo un tiempo en el que vivimos democáticamente, para ello están los libros y las wikipedias, pero –les advierto– no sirven para nada, el hombre es el animal que siempre estará tropezando en la misma piedra. La Democracia es una palabra, y su concepto es variable; la idea original es básica: la mayoría decide y elige. La práctica es otra historia. Es un genérico que vale para todo; llamamos democracia a la de EEUU y a la de Marruecos, a la de Alemania y a la de Kuwait (por esta, por la “democracia” petrolera de Kuwait, hubo una guerra en la que partició la España de Aznar). Democracia no es más que un concepto que aceptamos sin pensarlo mucho; lo aceptamos así como viene, y vamos a votar, muchas veces sin saber que votamos ni como se cuece el voto (no hace mucho todavia capté alguna persona que votaba a “Don Manuel” ese mismo don Manuel que llevaba unos años muerto). Después de muchos años de prácticas democráticas a la carta (el recuento y el sistema electoral es variable y a favor de los que dominan el tinglado) todo queda reducido a unas reglas de juego que siempre perderemos, porque el Monstruo Total, que unas veces es fascismo y otras capitalismo y otras neoliberalismo (un simple juego de disfraces) se adapta perfectamente al juego democrático y deja que cada ciudadano meta una papeleta en una urna para estar contento y creerse que con eso le llegará su felicidad.
El momento actual es un revoltillo peligroso, en el que el mundo funciona gobernado por personajes a los que, en condiciones sensatas de ciudadanos sensatos, con una educación política decente, a la que tenemos derecho democrático, nunca votarían. Los antiguos bloques, a los que llamábamos capitalista y comunista, ahora son dos mamotretos patrióticos, propiedad de Putin y Trump, con ese tercer hombre que es China, siempre en la sombra y atendiendo a su juego. Dicen los grandes pensadores de la política (no, esos que salen en la televisión, no) que vivimos un tiempo de interregno, un compás entre dos tiempos históricos, como ya sucedió en otras épocas, entre dos grandes movimientos económico-sociales. Estos tiempos se caracterizan por la confusión y la provisionalidad de las sociedades, que se preparan para dar paso a otra situación distinta, que bien podría ser la consolidación de la era digital y el control del mundo desde el territorio de los algoritmos, el gran sueño de los malvados de nuestros viejos tebeos. Lo que no se puede prever es como acabará la cosa, aunque sí se sabe quién se beneficiará cuando se hagan las cuentas. El momento es convulso, grandes masas de pueblos en marcha emigran hacia otras partes huyendo de todos los males imaginablres; el nivel de amenazas de los grandes dirigentes mundiales se eleva por momentos, aunque suenen casi siempre a farol; el peligro es que los destinos de la política mundial está en manos de monos navajeros como el de la calle Morgue.
Y en este momento de confusión, todo el mundo pide elecciones en trodas partes. Las piden para Venezuela y todos dicen: “Si, si, que haya elecciones para echar a Maduro!” Pero Maduro está ahí por unas elecciones. Puede decir usted, que no tiene más idea de Venezuela que la que cuentan en los informativos, es decir nula idea, que aquellas elecciones fueron amañadas. Y es posible, pero no mucho más amañadas que las que tienen en el poder a Putin y a Trump (dentro de unos años, algún historiador publicará un libro sobre sus trampas). Pero piden elecciones en Venezuela para poner (porque ya lo dan ganador) en el gobierno a un clon de los niños clónicos que gobiernan países (España incluída, donde los candidatos son otros clones) Las elecciones son el argumento que la Gran Corporación utiliza como pantalla para colocar a una tropa de personajes, casi todos millonarios (Macri, Trump, Bolsonaro) o que se van a hacer millonarios dentro del sistema que los emplea a su servicio.
Pero las elecciones no sirven para cambiar gran cosa, lo experimentamos desde hace tiempo. La fascinación democratica de elegir al gobernante no es más que un truco de trilé: ¿donde está la bola? Siempre en manos del Capital. Los británicos hicieron un referéndum para salir de la Unión Europea, pero se complican la vida, piden otras elecciones, seguramente hasta que se dé otro resultado, con lo cual las elecciones sólo serán válidas cuando convengan a quien convenga.
Ahora también piden elecciones en España. Los empresarios españoles, una corporación de dudosa honorabilidad, pide que se hagan elecciones para que Sánchez se vaya. Los partidos de la oposición también, lógicamente, aunque cada vez la derecha lo dice con la boca pequeña, porque hacen sus cuentas y no les salen. Los catalanes piden eleccciones para ser independientes o algo así, que no lo tienen claro. No se dan cuenta de que los referendos de independencia siempre los pierde el independiente. Desde que somos demócratas se hacen elecciones para ganar poder y poder mandar, nunca hubo un proyecto político que aportase mejoras para el futuro, siempre han sido cantinelas repetitivas con argumentos de parvulario político. Las elecciones no son solución mientras sigan siendo el método para cambiar personajes que sólo pretenden tener el poder sin intentar mejorar la vida de los ciudadanos. Llevamos cuarenta años en los que la democracia no es más que un proyecto todavía por hacer.
Democracia no es más que una palabra, como otra cualquiera, solo sirve cuando se la llena de contenido práctico. Los que que nacimos, crecimos y vivimos en un tiempo ademocrático (una dictadura mas dura de lo que los nostálgicos añoran) creímos que con la democracia ya estaba todo solucionado: un hombre un voto (las mujeres votaban, pero se les incluía en el genérico “hombre”) y ya se nos abriría un mundo de felicidad gobernado por aquellos demócratas elegidos por la mayoría ciudadana. Resultó que “aquellos demócratas” eran muchas cosas añadidas, desde antiguos franquistas con mando en plaza hasta paracaidistas apuntados al juego democrático como un puesto de trabajo cómodo y bien remunerado. No voy a contar mucho más de todo un tiempo en el que vivimos democáticamente, para ello están los libros y las wikipedias, pero –les advierto– no sirven para nada, el hombre es el animal que siempre estará tropezando en la misma piedra. La Democracia es una palabra, y su concepto es variable; la idea original es básica: la mayoría decide y elige. La práctica es otra historia. Es un genérico que vale para todo; llamamos democracia a la de EEUU y a la de Marruecos, a la de Alemania y a la de Kuwait (por esta, por la “democracia” petrolera de Kuwait, hubo una guerra en la que partició la España de Aznar). Democracia no es más que un concepto que aceptamos sin pensarlo mucho; lo aceptamos así como viene, y vamos a votar, muchas veces sin saber que votamos ni como se cuece el voto (no hace mucho todavia capté alguna persona que votaba a “Don Manuel” ese mismo don Manuel que llevaba unos años muerto). Después de muchos años de prácticas democráticas a la carta (el recuento y el sistema electoral es variable y a favor de los que dominan el tinglado) todo queda reducido a unas reglas de juego que siempre perderemos, porque el Monstruo Total, que unas veces es fascismo y otras capitalismo y otras neoliberalismo (un simple juego de disfraces) se adapta perfectamente al juego democrático y deja que cada ciudadano meta una papeleta en una urna para estar contento y creerse que con eso le llegará su felicidad.
El momento actual es un revoltillo peligroso, en el que el mundo funciona gobernado por personajes a los que, en condiciones sensatas de ciudadanos sensatos, con una educación política decente, a la que tenemos derecho democrático, nunca votarían. Los antiguos bloques, a los que llamábamos capitalista y comunista, ahora son dos mamotretos patrióticos, propiedad de Putin y Trump, con ese tercer hombre que es China, siempre en la sombra y atendiendo a su juego. Dicen los grandes pensadores de la política (no, esos que salen en la televisión, no) que vivimos un tiempo de interregno, un compás entre dos tiempos históricos, como ya sucedió en otras épocas, entre dos grandes movimientos económico-sociales. Estos tiempos se caracterizan por la confusión y la provisionalidad de las sociedades, que se preparan para dar paso a otra situación distinta, que bien podría ser la consolidación de la era digital y el control del mundo desde el territorio de los algoritmos, el gran sueño de los malvados de nuestros viejos tebeos. Lo que no se puede prever es como acabará la cosa, aunque sí se sabe quién se beneficiará cuando se hagan las cuentas. El momento es convulso, grandes masas de pueblos en marcha emigran hacia otras partes huyendo de todos los males imaginablres; el nivel de amenazas de los grandes dirigentes mundiales se eleva por momentos, aunque suenen casi siempre a farol; el peligro es que los destinos de la política mundial está en manos de monos navajeros como el de la calle Morgue.
Y en este momento de confusión, todo el mundo pide elecciones en trodas partes. Las piden para Venezuela y todos dicen: “Si, si, que haya elecciones para echar a Maduro!” Pero Maduro está ahí por unas elecciones. Puede decir usted, que no tiene más idea de Venezuela que la que cuentan en los informativos, es decir nula idea, que aquellas elecciones fueron amañadas. Y es posible, pero no mucho más amañadas que las que tienen en el poder a Putin y a Trump (dentro de unos años, algún historiador publicará un libro sobre sus trampas). Pero piden elecciones en Venezuela para poner (porque ya lo dan ganador) en el gobierno a un clon de los niños clónicos que gobiernan países (España incluída, donde los candidatos son otros clones) Las elecciones son el argumento que la Gran Corporación utiliza como pantalla para colocar a una tropa de personajes, casi todos millonarios (Macri, Trump, Bolsonaro) o que se van a hacer millonarios dentro del sistema que los emplea a su servicio.
Pero las elecciones no sirven para cambiar gran cosa, lo experimentamos desde hace tiempo. La fascinación democratica de elegir al gobernante no es más que un truco de trilé: ¿donde está la bola? Siempre en manos del Capital. Los británicos hicieron un referéndum para salir de la Unión Europea, pero se complican la vida, piden otras elecciones, seguramente hasta que se dé otro resultado, con lo cual las elecciones sólo serán válidas cuando convengan a quien convenga.
Ahora también piden elecciones en España. Los empresarios españoles, una corporación de dudosa honorabilidad, pide que se hagan elecciones para que Sánchez se vaya. Los partidos de la oposición también, lógicamente, aunque cada vez la derecha lo dice con la boca pequeña, porque hacen sus cuentas y no les salen. Los catalanes piden eleccciones para ser independientes o algo así, que no lo tienen claro. No se dan cuenta de que los referendos de independencia siempre los pierde el independiente. Desde que somos demócratas se hacen elecciones para ganar poder y poder mandar, nunca hubo un proyecto político que aportase mejoras para el futuro, siempre han sido cantinelas repetitivas con argumentos de parvulario político. Las elecciones no son solución mientras sigan siendo el método para cambiar personajes que sólo pretenden tener el poder sin intentar mejorar la vida de los ciudadanos. Llevamos cuarenta años en los que la democracia no es más que un proyecto todavía por hacer.
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