viernes, 15 de febrero de 2019

No era esto, no era esto

  J.A.Xesteira
Uno de los problemas con que nos encontramos los que escribimos nuestras ocurrencias en forma de artículo periodístico es que la realidad, muchas veces, va más rápida que lo escrito y le pasa por encima. Cuando estas mil y pico de palabras estén impresas en el diario que usted tiene en la mano, ya se sabe que el presidente Sánchez convoca las elecciones para el 28 de abril, pero lo escrito ya tiene que estar escrito e inventado antes de que comencemos la campaña electoral permanente.
Después del debate presupuestario, una especie de pelea escolar de chulitos, en la que cada uno hizo valer sus propias chulerías para no “ajuntarse” porque es un todos-contra-todos en esa chapuza parlamentaria, creo que deberíamos reconsiderar a que cotas de miseria hemos llegado partiendo desde la más absoluta indigencia política. Lo reconsideraremos nosotros, los ciudadanos simples, porque los políticos están todavía liados con las posibilidades de alcanzar el Poder; son como aquel personaje de tebeo, el gran visir que quería ser califa en lugar del califa; parece que toda la gobernanza de este país se limita a eso: pillar el mando. Y no era eso lo que se pretendía hace cuarenta años, más o menos, cuando comenzamos a hablar de democracia real después de una dictadura (se acuerdan de que era una dictadura, con un dictador encima, lo digo porque parece que todo el mundo se ha olvidado, la memoria es frágil y no se regala) Se suponía que en democracia, los aspirantes al poder tenían la misión de hacer más llevadera la vida de los ciudadanos; y al principio todo pareció ir en ese camino, todo era novedad y originalidad, incluso con un gobierno que inventó el Centro como situación estratégico-política; después, cambia que te cambia, las cosas se fueron torciendo: cada uno mintió más que el anterior; uno, desde la sedicente izquierda, nos metió en la OTAN (también en Europa) y nos clavó una ley laboral que echó por tierra hasta los mismísimos mártires de Chicago; el otro, desde la derecha mandó las tropas a defender el petroleo de Bush hijo, un amiguete; poco a poco, desde la honradez que se les suponía, fueron creando corrupciones y organizando poderes paralelos en los que el dinero público que nos haría felices sólo hacían felices a unos cuantos amigos y amiguetes. Todo eso es historia, pero dado que nuestra memoria es flaca, incluida la memoria histórica, no vale la pena revolver sobre ello. Todos los gobernantes en democracia han tenido como objetivo conquistar el poder y mantenerlo agarrado, pero una vez conseguido no han sabido o no han querido utilizarlo en favor de los ciudadanos.
Llegamos a este punto, a esta semana en la que la historia de este país es un enorme barullo lleno de chulería política, con un Poder a punto de salir a subasta y una tropa de políticos de todo-a-cien que ya se ven como ganadores de una operación triunfo electoral. A eso se ha reducido la democracia. Y no era eso lo que pensabamos que sería hace cuarenta años.
Un panorama deprimente el español (el europeo y el mundial no está mucho más optimista) en los que hay unos presupuestos generales del Estado por aprobar y eso parece un drama. Realmente da lo mismo, los presupuestos aprobados no son más que un reparto a priori de lo que se va a gastar, pero eso no quiere decir que después se cumplan, muchas partidas quedan sin gastar y otras se sobrepasan. Pero la importancia de la aprobación está en que todos los partidos sin excepción mostraron su ofensa personal con el único fin de quitarle poder a Sánchez para ganar dentro de unas semanas. Da lo mismo que la ciudadanía tenga derecho a todo lo que le concede la Constitución y ese derecho tiene unos gastos; parece que lo importante es quitar a Sánchez para ponerme yo. Y la democracia que pensábamos no era esto.
Después está el Juicio, un lío jurídico poco frecuente en Europa (de la que formamos parte, recuerden) por culpa de un referéndum independentista  de derechas (en Europa se celebran referendos parecidos y no pasa nada) Aquí tenemos a un presidente autonómico en el exilio (caso único europeo), a medio parlamento y gobierno catalanes en la cárcel. Y un Juicio rodeado de todas las sospechas jurídicas posibles. Y acusaciones de sedición, rebelión, malversación de fondos públicos, desobediencia y organización criminal. Muchos adjetivos para tanto lío incomprensible. Cabe recordar que la Transición se hizo de forma rebelde, sediciosa apoyada por organizaciones “criminales” que después fueron partidos políticos. Y no era esto lo que pensábamos que sería.
También se hizo una Constitución que imaginamos que duraría un tiempo y después se cambiaría, según las cosas fueran mejorando. Nunca me gustó la Constitución, las cosas positivas no so) más que buenos deseos que nunca se concretan; los derechos funcionan de arriba abajo, nunca de abajo arriba, y los deberes funcionan en el sentido contrario. Y no era eso lo que esperábamos de unas leyes fundamentales.
Así llegamos a este punto, un  panorama de cifras en las que se mezclan los parados con los trabajadores precarios, el aumento de la pobreza general con el aumento de la riqueza en manos concentradas. Y dentro de unas semanas saldrán a subasta los nuevos candidatos a ser califa en lugar del califa. Y cuando uno de ellos gane y sea el nuevo jefe de Gobierno recordaré aquella fabulita de Ambrose Bierce (magnífico cínico) que contaba como un alto funcionario había ascendido en su cargo y se lo fue a comunicar al rey, quien dijo: “Entiendo, te han ascendido y doblado el sueldo y complementos para gastos. Y ahora tienes dos cabezas, ¿verdad?” “No, majestad, solo una” “¿Y cuantas piernas y brazos?” “Sólo dos y dos” “¿Y un solo cuerpo?” “Si, un solo cuerpo”…Y dijo el monarca: “Pues tengo la sensación de que están tirando el dinero, porque me pareces el mismo tonto de antes”. Dentro de unas semanas veremos quien asciende con el mismo cuerpo y alma que tenía ahora mismo, después del pleno del presupuesto.

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